Monday, July 18, 2016

"Somos lenguaje y amor"

EXCELENTE entrevista a Emilio Lledó uno de los últimos sabios de España. Sus opiniones sobre la importancia de la filosofía griega, de la cultura clásica y de la educación de los niños en el concepto del lenguaje como instrumento del pensamiento y de los sentimientos son reveladoras de la existencia de una tradición humanista que no se rinde ante la tecnología, ni ante el poder de los medios y los politicos.






"Somos lenguaje y amor. Por eso hay que educar también en eso a los niños en la escuela. Enseñarles la sensibilidad, a mirar un cuadro. Los niños tienen mucha más curiosidad de lo que los mayores pensamos, sin creer que la cultura es una cosa que tiene que meterse en la cabeza a la fuerza. La cultura es un estímulo. ¡Hasta los cómics!"








«Es importante que escapemos de las frases hechas»

Emilio Lledó


http://msur.es/2016/06/07/emilio-lledo/3/


Sevilla  | Mayo  2016
Confiesa estar cansado de entrevistas. El año pasado, tras atender a docenas de medios por la concesión del premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, hubo de retirarse a descansar con su familia. “Este año ya llevo más de treinta… ¡Y tengo 88 años!”, lamenta. Sin embargo, su aspecto es saludable, camina con envidiable rectitud y, lo que parece más importante para su profesión, posee intacta su famosa lucidez. Conversar con él es un placer que ningún periodista quiere perderse.
Emilio Lledó (Sevilla, 1927), hijo de saltereños y criado en Triana hasta la edad de seis años, académico de la lengua, profesor en las universidades de Heidelberg, La Laguna, Barcelona y Madrid, es uno de los pocos sabios españoles vivos. El pensamiento griego, la historia de la filosofía, el lenguaje y la memoria articulan su obra, en la que destacan títulos como La memoria del logos, El epicureísmo, Memoria de la ética, Elogio de la infelicidad, Pensar es conversar o Fidelidad a Grecia, entre muchos otros.
«Que se mantengan en cartel obras de Sófocles o Aristófanes es uno de los regalos más hermosos de la cultura»
Aunque reside en Madrid, mantiene un vínculo muy estrecho con su Andalucía natal, y nunca se ha arrepentido de rechazar el puesto que Gadamer le ofreció en la universidad alemana. Las expresiones que más repite, acaso sin darse cuenta, son “es sorprendente” o “es curioso”. Tal vez sea ése el secreto de haber llegado a esta edad en plenitud de facultades.
La Grecia que usted estudió tan a fondo, ¿guarda alguna relación con la Grecia de Tsipras y Syntagma, o son dos países completamente distintos que sólo por casualidad comparten nombre?
No conozco muy bien la Grecia contemporánea, he estado allí solo un par de veces, pero qué duda cabe de que los griegos de hoy son herederos de esa tradición. Me compré allí un par de ediciones de Diálogos de Platón y resultó que eran bilingües, en griego clásico y traducción al moderno. Me llamó gratamente la atención la belleza del clásico, no se podía decir, ni de lejos, que estuviera mejor dicho en moderno. Es sorprendente. No solo en Platón, en la Ilíada y en laOdisea, que se recogieron antes porque casi nadie sabía escribir… Cuántas veces leemos literatura contemporánea, aunque mucha sea importante y pensamos, ¿cuánto durará esto? A lo mejor, ni 30 años. En cambio, que se mantengan en cartel esas tragedias de Sófocles, las comedias de Aristófanes, la Historia de Tucídides, con ese lenguaje tan enormemente rico, expresivo, hondo, es uno de los regalos más hermosos de la cultura.
Entonces, la Fidelidad a Grecia que usted defendía en un libro, ¿es extensible al presente?
Por supuesto. Fidelidad y solidaridad.
Y paradójicamente, cada vez estamos más lejos de ella, al menos en los planes de estudio.
«Es clásico el autor que puedes estar leyendo continuamente sabiendo que cada vez te aporta algo nuevo»
Me sorprende que en los planes, o los desplanes, o los desplantes de estudio, no se dé la importancia que se debe a esa cultura clásica, al Humanismo. Por supuesto que la tecnología es importante en la sociedad que vivimos, que es una sociedad tecnológica. Pero ese poso cultural, esa relación con el lenguaje, el continuo diálogo, no solo con los griegos… Pienso también en el Quijote, que he leído muchas veces. Me sorprende que cada vez que vuelvo a él encuentro cosas nuevas. Esa es una de las características más hermosas, profundas, aleccionadoras y estimulantes de lo que llamábamos los clásicos. Me atrevería a definir clásico como aquel autor que puedes estar leyendo continuamente sabiendo que cada vez te aporta algo nuevo, como cada vez que escuchas las Sonatas para violoncello de Bach te renuevan, te reviven, te alientan.
Hay generaciones de estudiosos que han aprendido alemán sólo para poder leer a Hegel o Heidegger. ¿Es intraducible la filosofía? ¿Hay idiomas más indicados para otros para la Filosofía, como idea absoluta?
Creo que no. Cuando el pensamiento es poderoso, se puede decir en cualquier lengua. Tradicionalmente, se ha dicho que es muy apta la lengua alemana, es verdad, pero se puede hacer filosofía en cualquier lengua, con tal de que haya un interés. Los griegos hicieron un prodigio de cultura con la griega. Es verdad que la de los latinos, en comparación, no es aparentemente importante, pero eso no quiere decir que los romanos no estuvieran dotados… Para el pensamiento todos estamos dotados. Si no, estamos mal. Toda reflexión de libertad, todo mundo intelectual que tiene que ver con plantearse críticamente qué es la vida, la justicia, la bondad, el bien… Son planteamientos filosóficos que se puede hacer en cualquier lengua. El Quijote es un libro filosófico.
Sabemos que parte de las obras de Aristóteles nos ha llegado a través de traducciones árabes, que sin la civilización árabe, nuestra Filosofía actual no sería imaginable. ¿Por qué el ciudadano ilustrado medio conoce tan pocos nombres de filósofos árabes?
Me sorprende, no sé a qué atribuirlo, y no sé árabe. Me pregunto si podría haber un fanatismo religioso que estableciese, no sé… Todo pensamiento fanático, dogmático, que además implica una negativa para pensar en algo que no sea lo que el dogma dice, es en el fondo un freno para la racionalidad. La filosofía griega, en buena parte, fue herencia o llegó hasta nosotros a través de la cultura árabe. Por otro lado me choca que esa enorme explosión que hubo precisamente aquí, de libertad, con Averroes y Avicena, no ha vuelto a reproducirse.
Estamos acostumbrados al protagonismo masculino en la Historia, pero ¿no da la impresión que en la Filosofía, la tasa de mujeres es aún menor que en otras ramas? Todavía hay quien niega la categoría de filósofa a Hannah Arendt o a María Zambrano…
«Las figuras más grandiosas de la tragedia griega son mujeres. No solo Helena»
Bueno esa es una deformación de los que se resisten. En la cultura griega parece que hay cierto antifeminismo, la mujer tenía otro papel… Sin embargo, en elBanquete de Platón, el discurso más hermoso sobre lo que es el amor lo dice una mujer, Diótima de Mantinea. No he investigado sobre ella, tal vez fue un invento. Pero es curioso que habiendo distintos comensales y teorías sobre qué es el amor, el sentido del amor, el discurso más hermoso es de una mujer, lo cual no deja de ser importante. Y por supuesto, las figuras más grandiosas de la tragedia griega son mujeres. No solo Helena. Atribuir el concepto de machismo en la cultura griega, es inadecuado. Hay que estudiarlo a fondo.
Usted es académico. Reprochan a la RAE que mantenga un lenguaje que algunas tildan de sexista por el genérico masculino. ¿Cimenta el lenguaje una visión patriarcal de la sociedad? ¿Tiene sentido modificar el idioma?
No creo que sea un tema importante, la verdad. Es sociológicamente digno, pero lo realmente importante es que nos escapemos de las frases hechas. Vivimos como si el lenguaje fuera un lago helado, y patinamos sobre él. “Crear empleo”, pero bueno tío, ¿cómo se crea empleo?. Debajo de esa pátina helada, está el mar del lenguaje, el mar de los sentidos, el mar de los significados. Por eso la verdadera educación se fundamenta sobre todo en la enseñanza del lenguaje. No en la gramática, que será importante, sino en hacer pensar a los jóvenes, a los niños, en las palabras que usan.
En sus memorias, Juan Cruz lo recuerda a usted como un profesor que no exigía la acumulación de conocimientos, sino que sus alumnos fueran reflexivos y creativos.
«Muchos políticos hablan con frases hechas, con conceptos estereotipados que no llevan a nada»
Ha habido años en que la educación ha estado en mano de pedagogos poco pedagogos, encerrados en estructuras fanatizantes o fanatizadas. Por eso debemos fijarnos en cómo muchos políticos hablan con frases hechas, con conceptos estereotipados que no llevan a nada, ni dicen nada, ni pretenden nada, ni solucionan nada. Soy un apasionado del lenguaje, es lo que somos, somos lenguaje, somos comunicación, somos memoria, somos transmisión. Por eso me parece que una de las grandes insensateces que se dicen hoy es que no hay que tener memoria histórica, ¡pero bueno, si eso es el fundamento de lo que somos! No hay futuro sin memoria, ¿desde que trampolín saltaremos al futuro, si no tenemos el de la memoria? Y los políticos no estén a la altura de esa necesidad, ni son conscientes de la trascendencia de lo que ellos hacen. Lo que yo hago no tiene importancia, puedo escribir cuatro cosas, pero no tengo en las manos eso que llaman poder.
Uno de sus textos se preguntaba quién privatiza a los políticos. ¿Ha encontrado respuesta en estos años?
No, pero lo dejo abierto, porque se han privatizado, por supuesto. Sobre todo un tipo de político derechoide está privatizado por esas ideas conservaduristas, que son muy distintas de conservadoras. Cualquier político que tenga un poder real, y quiera influir en la sociedad, no tiene más remedio que no dejarse privatizar, a no ser que sea por los ideales de cultura, educación y bienestar colectivo.
¿Se puede ser proletario y epicúreo, o es una filosofía reservada para personas con posibles?
Fíjate cómo aprende uno continuamente, nunca me había planteado ese problema. Yo diría que Epicuro fue una figura popular, en su jardín entraban mujeres, cosa que por ejemplo era más problemático en el Liceo de Aristóteles o en la Academia de Platón. No había nada de elitismo en él. Y por otro lado, del epicureísmo no queda nada, tres cantos, unos cuantos fragmentos, fue barrido por la Historia. Y me huelo que fue arrasado ideológicamente, porque ese afán del cuerpo, procurar que sea feliz, que tenga alimento, alegría, esperanza, sentimiento de solidaridad, una cierta oligarquía lo rechazaba, le rechinaba. La ideología que subyace en Epicuro es una filosofía del más acá. Por eso creo que hay un resto epicúreo en Nietzsche cuando dice: “Hermano, permanecer fiel a la tierra”. No creas en los que te hablan de futuro, fuera del mundo, de los árboles, fuera de la realidad.
Hoy parece que nos exigen pertenecer al extremo opuesto, ser estoicos. Nos remiten a Epicteto…
«Eros es lo que realmente somos. Eso los negadores de la vida, del gozo, no lo pueden soportar»
Es curiosa la riqueza de estos filósofos aparentemente no tan importantes como Platón o Aristóteles, en parte porque no ha llegado su obra hasta nuestros días. A veces un cierto conformismo con la realidad también es saludable, sobre todo no aspirar a lo imposible, ni a la riqueza económica desmesurada, porque nadie puede controlar toda esa desmesura. Un hombre muy rico que estaba muriéndose me dijo una vez: “Emilio, sobrarme tantísimo dinero, ¡y no poder comprar ni un minuto de vida!”
¿Ha llegado a explicarse alguna vez por qué el Eros ha sido tan combatido por todas las iglesias?
Es lo que realmente somos. Es una manifestación del gozo del cuerpo. Eso los negadores de la vida, del gozo, no lo pueden soportar. Además, es una forma de liberación. El amor es una forma de salir de ti, encontrar un vínculo enormemente intenso, poderoso y creativo a su vez, que da vida. Somos lenguaje y amor. Por eso hay que educar también en eso a los niños en la escuela. Enseñarles la sensibilidad, a mirar un cuadro. Los niños tienen mucha más curiosidad de lo que los mayores pensamos, sin creer que la cultura es una cosa que tiene que meterse en la cabeza a la fuerza. La cultura es un estímulo. ¡Hasta los cómics!
¡No faltaba más!
«Durante la Guerra civil no se podrían comprar cómics, y yo me pintaba mis propios cómics»
Recuerdo que durante la Guerra civil no se podrían comprar cómics. En Vicálvaro, con diez o doce años, estábamos acostumbrados a oír las bombas que caían. A menudo nos sacaban del colegio y nos echaban a las eras, porque en los surcos te podías agachar. Entonces, la escapada era leer cómics, y yo me pintaba mis propios cómics. Es de las pérdidas que más siento de mis mudanzas. Todavía recuerdo que eran cuartillas, con aquellas chinchetas amarillentas, y tenía como quince o veinte dibujos, casi todos de combates de aviación. Era una pequeña escapada del mundo, de lo inmediato.
Usted ayudó a los emigrantes andaluces en Alemania. ¿Cómo está viviendo la actitud de Europa en el drama de los refugiados?
Una de las cosas que me sorprenden es que se hable de refugiados con tanta intensidad, pero nadie nos explique por qué hay esas guerras. Si hubiera que establecer un porcentaje, sería el 95 % es teoría del refugiado, y solo el 5 % se dedica al porqué. Hay que insistir, exigir que nos digan las causas de que la gente huya. ¿Por qué hay guerra? Llevamos cinco años en Siria y todavía no lo sabemos, no nos iluminan. Y es un problema que tenemos que abordar.

Sin tele, a mucha honra

Uno de los episodios más controvertidos –o simplemente ruidosos– de las múltiples andanzas de Emilio Lledó fue su presidencia del Consejo para la Reforma de los Medios de Comunicación del Estado creado por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.
El supuesto escándalo vino con la revelación de que el profesor asumía esa responsabilidad a pesar de no tener tele en casa. Naturalmente, sigue sin tenerla, aunque afirma saber del medio televisivo como el que más.
“Me dieron tanta caña… ¡Un señor que no tiene televisión! Mire usted, perdí un año de mi vida trabajando sin cobrar un céntimo, no quisimos cobrar ninguno del consejo. Y ahora soy el especialista en televisión, no diré el número uno, pero sí entre la docena de máximos especialistas, porque lo sé todo. Me hinché a leer libros en inglés, en francés, en alemán… Yo he tenido televisión cuando vivía en Barcelona, por los niños. Pero cuando me fui a Alemania, -mis hijos ya no vivían conmigo, estaban fuera-, el aparato estaba roto. Me dio pereza comprarme otro y empecé a vivir sin televisión, y aprendí a no echarla de menos. Me ha gustado ver algunas cosas en casa de un amigo, o en un hotel. Pero no hace falta ver 40 programas de Sálvame Deluxe o Denoluxe para saber quién es Belén Esteban. Me dolió mucho aquella ferocidad con que me dieron, porque era injusto”.

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