Wednesday, June 10, 2015

Una aproximación posmoderna a “El huésped”

por Olga L. Miranda


"Because the goal of literary work is 
to make the reader no longer a consumer, 
but a producer of the text" 

Roland Barthes (4)


       La novela El huésped (2006), de la escritora mexicana Guadalupe Nettel (1973), no ha recibido aún mucha atención de la crítica literaria especializada. A pesar de que obtuvo el tercer lugar al Premio Herralde de Novela (2005) y fue publicada por la editorial Anagrama, no existen muchos trabajos que ofrezcan un análisis crítico sobre sus méritos estéticos. Este ensayo se propone precisamente identificar los valores literarios de esta novela explorando aquellos aspectos que la sitúan dentro de la narrativa posmoderna. Para lograr este propósito, se analizarán los principales núcleos temáticos del relato y aspectos de su estructura interna y de su lenguaje. Según el Diccionario de la lengua española,  posmodernismo es un “movimiento cultural que, originado en la arquitectura, se ha extendido a otros ámbitos del arte y de la cultura del siglo XX, y se opone al funcionalismo y al racionalismo modernos” (DRAE, 2014). Aunque se considera que surgió en los Estados Unidos y en Europa a mediados del siglo pasado, se reconoce que tiene representantes en Latinoamérica e incluso que “ the movement actually originated in Latin-America - especifically - with Borges” (Smith 500).
      El tema central de la novela es la historia de Ana, quien narra, en primera persona y de manera lineal y retrospectiva, vivencias de su niñez, de su adolescencia y del tránsito hacia la vida adulta. Durante esta evolución la protagonista entra en conflicto con su identidad y trata de adaptarse a la sociedad y a sus normas. Esto ha llevado a considerar a la novela dentro del género de formación o de iniciación (González 22). 
      La trama del relato se basa en que Ana oculta un terrible secreto. Ella se siente habitada por un doble interno, una especie de “otro yo” que llama “La Cosa”. Su vida transcurre entre la negociación y el conflicto con ese ser extraño y rebelde que trata de controlar su mente, sus emociones y su conducta; y que un día podría llegar a destruirla. La historia transcurre en áreas céntricas de la ciudad de México y está estructurada en tres partes. En la primera, Ana es una niña solitaria que desarrolla su vida en el ámbito familiar y escolar dentro de un estilo de vida burgués donde reina la incomunicación y la simulación. Sin embargo, ella adora a su hermano Diego. Un día Ana descubre que Diego tiene una extraña marca en su brazo. Ella se aterroriza y piensa que “La Cosa” lo mordió e interpreta la marca como una especie de tatuaje con un mensaje que ella debe descifrar. Diego muere cuando Ana tiene diez años, poco después el padre desaparece. Ella vive desde entonces con sentimientos de culpa por la muerte del hermano y siente que “La Cosa” la domina cada vez más. Durante un tiempo, Ana se dedica a “almacenar recuerdos visuales” y a explorar el mundo de las personas ciegas pues intuye que perderá la vista. En la segunda parte, Ana comienza a trabajar de lectora en un instituto de invidentes donde conoce a Cacho quién es lisiado de una pierna. Él pide limosnas en la calle y dirige una red de mendigos. Cacho introduce a Ana en el mundo marginal y subversivo de la ciudad de México. Ana se da cuenta que la megalópolis mexicana también tiene su doble. En el submundo del metro conoce a Madero, otro líder de la red, quién le habla sobre la ideología del grupo. En la última parte, Ana se involucra en una acción política con Marisol, quién es amiga de Cacho. Esta es atrapada por la policía y muere. Ana siente culpa pues piensa que traicionó a la amiga. Ella necesita justificarse ante Cacho por lo sucedido y lo visita en su apartamento. Allí descubre otra cara de este personaje y tiene sexo con él. En la mañana, Ana sale a la calle, se dirige al metro, siente paz y armonía interior, percibe el “escalofrío” de “La Cosa” a su lado y piensa que ya nunca volverá a su vida anterior.
      El hecho de que la historia se centre en el drama existencial de un personaje que está atrapado en una subjetividad individual escindida y neurótica y que, además, trate de insertarse sin mucho éxito en escenarios sociales opuestos y paralelos conduce a asumir la narración como un relato subjetivo y complejo que requiere varios planos de análisis. Las teorías críticas literarias post-estructuralistas  y posmodernistas brindan apropiados instrumentos conceptuales y metodológicos para analizar este tipo de texto introspectivo y polisémico que se aparta del realismo y del racionalismo. Los pensadores de estas corrientes han caracterizado este nuevo tipo de literatura teniendo en cuenta diferentes aspectos del texto literario. En el libro de R. Selden y P. Widdowson, “A Reader’s Guide to Contemporary Literary Theory” se ofrece un análisis exhaustivo de los conceptos fundamentales de los autores más representativos de estas teorías. 
      Resumiendo las ideas principales desarrolladas por Selden y Widdowson en los dos capítulos dedicados a estas corrientes podemos afirmar que la literatura posmodernista se caracteriza, por un lado, por un grupo de temas y, por el otro, por un grupo de técnicas narrativas que se expresan en su estructura y en su lenguaje. En el primer caso, la mayoría de los representantes de esta perspectiva teórica incluyen dentro de los temas posmodernistas: el desencanto e incertidumbre del hombre actual (“loss of credibility of grand narratives” de J-F. Lyotard ), la simulación (“the loss of the real” de J. Baudillard), la fragmentación del sujeto y su búsqueda de identidad ( J. Lacan “language and unconscious”) ; y la crítica a las instituciones sociales de control (“discourse and power” de M. Foucault ). 
      En relación al segundo aspecto, los autores posmodernistas han señalado: el carácter abierto y ambiguo de los textos ( rupturas del tiempo) (“el texto plural” de R. Barthes),  el uso de un lenguaje subjetivo, simbólico y connotativo (monólogo interior, metáforas, prosa poética) (R. Barthes, J. Lacan, J. Kristeva ) y la recurrencia a la ironía y a la parodia para desmistificar valores tradicionalistas y estereotipos ( L. Hutcheon ). Explicar de que manera estos rasgos están presentes en la novela de Guadalupe Nettel es el objetivo de este ensayo. 
      La novela El huésped refleja los temas de la posmodernidad y expresa ese sentimiento de soledad y vacío que caracteriza al sujeto postmoderno. La incertidumbre y el desencanto expresados en sentimientos de miedo, inseguridad, tedio y pesimismo están presentes en El huésped y también son estados emocionales que marcan el tono de la narración de principio a fin. Por ejemplo, Ana es una niña asocial y rara. Eso se nota cuando ella auto reflexiona sobre su infancia: “No tenía amigos, ni en la escuela ni en el barrio. Por miedo a sentirme descubierta,…” (19). Ella vive encerrada en su mundo interior fragmentado por una duplicidad incontrolable que la hace actuar de manera irracional y violenta en algunas ocasiones al punto que llega a agredir a una amiga de la escuela y a cometer un acto de voyeurism hacia su hermano. Es por ello que el miedo y la incertidumbre son sentimientos casi permanentes que perturban el sueño de Ana y afectan sus relaciones con los demás. Ella nunca sabe cuando ese ser extraño aparecerá y controlará sus impulsos, eso la hace aislarse o interactuar con los demás con desconfianza y agresividad. El tedio es un estado de ánimo que persisten en la protagonista desde la niñez hasta la edad adulta. Esto se aprecia, por ejemplo, cuando Ana reflexiona para sus adentros: “Miré hacia la ventana: la tarde empezaba a caer. Voy a salir de aquí muy pronto, pensé. Bastará con cruzar el parque para llegar a la casa y todo seguirá como siempre, la misma rutina, el mismo tedio.”(59). El relato también trasmite un tono existencialista que parte de la conciencia de que la vida es intrascendente y efímera, lo cual se refleja en ese sentimiento de vacío y soledad entre la multitud que muchas personas experimentan en las grandes ciudades. Así lo expresa la protagonista cuando medita con actitud filosófica: “Tomemos la postura que tomemos, algo es seguro: existir es desmoronarse” (174). Lo mismo se sugiere con la siguiente reflexión: “En la ciudad, las calles están llenas de casas, anuncios, gente y sin embargo, tan vacías, pintadas de ese moho percudido que lo impregna todo” (174).
      El tema de la simulación está muy presente en la novela y determina el tono irónico de la narración. La simulación es algo que caracteriza a las sociedades modernas dominadas por el consumismo y las tecnologías mediáticas. Jean Baudrillard desarrolló ampliamente este concepto y lo definió como “the loss of the real” (Selden, Widdowson, 180). El estilo de vida de la familia de Ana está basado en el simulacro y la hipocresía. Cuando ella describe a su familia al inicio de la narración comenta con ironía: “Todas las familias practican la hipocresía y nosotros alcanzamos en ese deporte verdaderos momentos de virtuosismo.” (24). En muchas ocasiones en el relato Ana usa el verbo “fingir” para describir el tipo de conducta que ella manifiesta en sus interacciones con los demás y que los otros manifiestan hacia ella. Pero el pasaje de la novela que mejor representa eso que Baudillard llamó “simulacro” es el de los funerales de Diego. Ana los describe así: “Desde el pasillo del velatorio vi llegar a los tíos conocidos y a la infinidad de parientes que jamás fueron a la casa ni antes ni después de esa vez. ¿De donde sacó la abuela esa flota de gente con el mismo apellido, esa familia de repuesto, esos tíos inflables para casos de emergencia? Desde el marco de la puerta donde me apoyaba, enfundada en un vestido azul marino de manga larga, la odié y la maldije con insultos inventados en ese momento por atreverse a despojar a Diego de su propia muerte (43). Es una escena de gran patetismo porque, además, Ana se siente parte de un espectáculo que no refleja sus sentimientos, ni tiene nada que ver con la personalidad real de su hermano.  
      La fragmentación del sujeto y la búsqueda de identidad son coordenadas sicológicas que subyacen en la trama de la novela. Este es uno de los temas favoritos de los pensadores posmodernistas. Roland Barthes y Jacques Lacan, por ejemplo, desarrollaron la teoría de la subjetividad del lenguaje tenido en cuenta la idea del psicoanálisis de que el inconsciente forma parte de la subjetividad del individuo y de su identidad definida en su relación con el “Otro” (Selden, Widdowson, 138). Se puede afirmar que la novela es una alegoría sobre el drama humano de la búsqueda de identidad en la sociedad moderna. Ana es una chica con una personalidad doble y con una subjetividad fragmentada desde ese “Otro” interno que no la deja ser. El conflicto, que vive la protagonista, entre una identidad externa y aparente que trata de mostrar a los demás y otra interna, oculta y extraña e irracional que la domina desde el inconsciente la hace sentirse sola y angustiada aún cuando está rodeada de personas e incapaz de conectar sinceramente con ellas. Ana actúa por negación y no por afirmación y aceptación de valores morales en los que realmente ella crea. Todo esto provoca, además, que su sexualidad este reprimida y silenciada debido a la constante ansiedad e inseguridad que le causa el hecho de tener que existir dentro de una identidad incoherente. Al referirse a su sexualidad Ana expresa: “Es una imposibilidad, una impotencia, tal vez una opacidad en la mirada que no deja ni salir ni entrar a ese insecto inasible” (187). Baudrillard dejó claro que este es un rasgo del sujeto posmoderno cuando señaló en El otro por sí mismo que “la incertidumbre de existir y, de rebote, la obsesión por demostrar nuestra existencia, prevalecen sin duda hoy sobre el deseo típicamente sexual. Si la sexualidad es una puesta en juego de nuestra identidad (…) ya no estamos exactamente capacitados para dedicarnos a ella…” ( n/p ). El diagnóstico que ofrece Baudrillard sobre el problema de la sexualidad en la sociedad posmoderna describe el trauma que sufre Ana en este sentido.
      El mundo que rodea a la protagonista de “El huésped” también es dual y fragmentado. La ciudad está dividida en el mundo de arriba, rutinario y consumista, sin mucho que ofrecer a Ana, y el submundo de abajo con sus espacios oscuros donde reina la violencia, la pobreza; y donde la marginalidad grita su derecho a ser reconocido con sus grafittis en la paredes del metro. Ana percibe todo esto y lo expresa así: “Yo, que desde hacía tantos años llevaba un parásito dentro, lo sabía mejor que nadie, también la ciudad se estaba desdoblando” (175). Esta referencia a la ciudad es muy reveladora sobre la presencia en la novela de rasgos de la posmodernidad en las sociedades latinoamericanas. Julio Ortega en su libro El principio radical de lo nuevo. Postmodernidad, identidad, y novela en América Latina” señala: “Las ciudades latinoamericans son espacios superpuestos de la posmodernidad. El autor menciona como rasgos de estas urbes: la duplicidad y esa “dividida urbanidad del desamor citadino”. Luego al ejemplificar afirma: Ese fervor, de pronto, es una libertad del habla congregada en el metro de México” (49). Al concluir el párrafo Ortega se refiere a la importancia de “explorar la idea de la ciudad latinoamericana como el diagrama de la comunicación que nos humaniza” (49). Es decir, que El huésped refleja en su contenido problemas claves de las sociedades latinoamericanas. 
      No solamente la ciudad, también la familia, la escuela, el instituto de ciegos, todas las instituciones sociales son percibidas por Ana como objetos duales. Ella siente que todas tienendos vidas; una real basada en la simulación, y otra falsa que tratan de mostrar para dar una imagen de verdad y de orden. Los amigos de Ana también tienen una doble vida.  En este sentido es muy ilustrativo lo que sucede al final de la historia cuando ella visita a Cacho en su apartamento. Ella sufre una gran decepción al descubrir que el no es lo que parecía. Ella le dice: “No pensé que se pudiera vivir tan bien de la limosna”(181). Más adelante, cuando Cacho le dice que Marisol fue quién pintó la cocina, Ana recuerda a la amiga y piensa: “Entonces ella consentía que el Cacho viviera como un pachá. Ella que siempre vigilaba la equidad en el grupo no sólo había aceptado ese abuso sino que había colaborado.”(182) Es decir, que todos esos “héroes” urbanos que Ana admiraba pensando que sostenían una lucha desinteresada por la justicia también eran puros fetiches. 
      El pensamiento posmodernista desmitificó a las instituciones de poder y al discurso que las legitima; este espíritu subversivo está presente en la novela. En “Vigilar y Castigar” Michel Foucault demuestra el carácter controlador y represivo de las escuelas, los hospitales y las cárceles que fueron diseñadas desde el paradigma racionalista de la modernidad. En El Huésped está presente esta actitud crítica. Por ejemplo, Ana a veces usa un lenguaje peyorativo para referirse al instituto de ciegos y lo llama “manicomio”. En el diálogo que la protagonista sostiene al final con Lorenzo, el muchacho ciego que escapó del instituto, se pone en evidencia la crítica a la institución de invidentes como un lugar donde se domestica a los ciegos y no se les enseña a ser realmente seres sociales activos y participativos. Lorenzo le dice a Ana refiriéndose al instituto: “Nos obligan a adoptar un comportamiento uniformado, que nos hace apacibles, pero ¿que sucede con nuestra verdadera personalidad? Se queda ahí, contenida, esperando el momento de salir a la luz, aunque sea en un ataque de nervios”(177). Este diálogo es muy revelador dentro de la narración porque significa una especie de mensaje subliminal para Ana. En esencia Lorenzo le dice a Ana que sea ella misma y no se deje manipular. En otros pasajes se hacen críticas de manera explicita a la sociedad en general, a la ciudad y su decadencia, a la escuela y a la familia patriarcal burguesa con sus falsos valores morales.       No cabe dudas que El Huésped es una fotografía a todo color de las contradicciones sociales que condicionan el drama existencial del hombre contemporáneo..
      Respecto al segundo aspecto de nuestro análisis se puede afirmar que la estructura narrativa y el estilo del lenguaje de la novela de Nettel encajan perfectamente en eso que Barthes llamó “texto plural y abierto”. Todos los rasgos que se consideran propios del texto literario postmodernista y, que fueron mencionados anteriormente, están presentes en el texto. La ambigüedad del lenguaje es una de las características más notables. Cuando Brian McHale define los rasgos de la novela posmoderna en su ensayo What was Posmodernism? destaca lo siguiente: “We fall into characters’ hallucinations and fantasies, often without knowing that we’ve done so until much later; we mistake subjective realities for the outside world” (n/p). Este aspecto se aprecia con claridad en varias escenas cuando Ana sueña o tiene alucinaciones (durante el tiempo que estuvo enferma). En esos momentos el discurso narrativo se torna difuso y ambiguo, no resultan claros los límites entre la realidad y la fantasía, lo consciente y lo inconsciente; las imágenes son surrealistas. Por ejemplo, refiriéndose al canto de las ballenas que imaginaba en su dormitorio ella reflexiona: “¿Pero que iba a hacer un animal así cantando en la habitación? Si yo soy el mar, me dije, puedo escuchar a cualquiera de mis peces. Pero, a diferencia de la playa anterior, ese ruido era tan real como el despertador y los faros de los coches, y también era real su tristeza.”( 82). Más adelante continua: “(…) era un quejido prehistórico de soledad y estaba dirigido a mi persona.”( 85). El uso aquí de metáforas otorgan lirismo a la narración pero también un carácter subjetivo, emotivo y difuso.
      Brian Mchale añade otros dos rasgos de la novela posmoderna cuando dice: “Interior monologue is one marker of the novel’s modernism. Another is bits dislocation of time” ( n/p ). “El huésped”  es un monologo interior retrospectivo de Ana sobre su niñez, sus primeras experiencias en el instituto de ciegos y otras vivencias. Las rupturas del tiempo, como momentos en que el relato pierde el sentido lineal y los hechos narrados no obedecen a un orden cronológico, son frecuentes en la novela. Por ejemplo, en la primera parte de la narración Ana se refiere a la muerte del hermano en diferentes momentos, pero a continuación vuelve a hablar de él como si todavía estuviera vivo. En la página 34 ella dice: “Que alguien muera tan joven como lo hizo Diego es, además de una desgracia, un enorme desperdicio.”. Más adelante se refiere a él de nuevo y declara: “ Sin decir una palabra, observaba su palidez creciente y la opacidad de su mirada. Sabía que al volver de la escuela sus cuadernos estaban siempre en blanco.”(35) . En el siguiente párrafo de nuevo asegura que está muerto: “Verlo muerto me causaba una rabia indescriptible” (35). En la parte final hay otra una dislocación del tiempo al tal punto que se hace casi imposible determinar la secuencia de las acciones relacionadas con el despertar de Ana después de tener sexo con Cacho. Entre las páginas 184 y 187 ella narra ese despertar tres veces consecutivas y todas son diferentes. No sabemos si algunas las soñó, las imaginó, realmente ocurrieron en la historia o si en unas se refiere a “La Cosa” y en otras a ella misma.
      El simbolismo del lenguaje a través  del uso de metáforas, símiles y frases poéticas es un rasgo de la subjetividad del lenguaje que otorga lirismo a la narración. Por ejemplo, esto se aprecia en la página 175 cuando se usa un símil para describir el horror en los ojos de Madero: “enormes y abismales como las ventanas de un rascacielos apuntados hacia la noche.” También hay muchas frases poéticas como: “La ciudad que elegimos ver es una fachada hueca que cubre los escombros de todos nuestros temblores”(175). Cuando Ana recuerda su niñez en la escuela dice: “Los recreos habrían sido un hueco oscuro a medio camino hacia la salida de las clases” (28). En otro momento se refiere a sus sentimientos por la pérdida de su hermano y expresa: “La casa sin Diego era una feria abandonada”(45), “la resignación se fue apoderando de mí como un otoño interminable” (47). En otra parte, refiriéndose al padre  expresa: “Dejó el comedor arrastrándose por la pared para no pisar el charco de ausencia”(47). Estas descripciones usan un lenguaje surrealista ( al estilo del realismo mágico) que otorga visualidad al relato y apoyan su contenido dramático.
      La ironía es uno de los aspectos más recurrentes en la narración. Este elemento estilístico aporta humor negro y sarcasmo haciendo ver a algunos personajes en su decadencia y falsedad. Por ejemplo, cuando Ana describe a su madre dice: “Sentada ahí con esa mueca de tensión en sus labios transparentes, mi madre encarnaba a todas las mujeres que había visto en el cine, las series de televisión, las novelas decimonónicas que nos hacían leer en la escuela. La miré extrañada como se observa a un ser ancestral, un fósil o una ruina”(46). Ana también usa el sarcasmo para burlarse de ella misma cuando dice: “yo me iría de ahí con una sonrisa estúpida, sin haber descubierto nada” (58). Asimismo, ella se mofa de personajes engolados y oficialistas cuando describe su entrevista con la secretaria del instituto de invidentes. Ella relata que los muebles son de los años cincuenta y huelen a humedad; entonces al describir a la señorita Vélez dice: “Su peinado era también anticuado y combinaba perfectamente con el resto de la oficina” (59). La ironía cumple muy bien esa función, de la que han hablado los posmodernistas, de ser una crítica a las conductas estereotipadas y falsas. Este elemento ayuda a establecer un balance entre un tono dramático predominante y otro de comicidad que está latente. 
      El final de “El huésped” muestra todos los rasgos que hemos analizado hasta aquí. Ese pasaje  final es tan obscuro, ambiguo, melancólico y poético como casi todo el relato. Muchas posibilidades quedan abiertas en este final borroso y enigmático como toda la historia de Ana.
      En resumen, El Huésped de Guadalupe Nettel es una novela posmodernista pues expresa, tanto en su contenido como en su estructura narrativa y en su lenguaje, los rasgos típicos de ese tipo de literatura. Es sobre todo, un texto plural y abierto que invita a varias lecturas pues posee zonas de silencio y códigos soterrados que deben ser descifrados de la misma manera que la protagonista lo hizo durante años con el misterioso tatuaje en el brazo de su hermano Diego. Todos los elementos del texto tienen unidad y coherencia y se apoyan unos a los otros. En especial los símbolos, las metáforas y las imágenes del lenguaje conceden visualidad y lirismo a la narración. El tono melancólico y pesimista se compensa con el uso de la ironía y el sarcasmo lo cual crea el efecto de desfamiliriazación haciendo al lector reflexionar sobre la falsedad e hipocresía de los estereotipos sociales y la simulación. El Huésped es un texto audaz, creativo y original. Es un relato de estos tiempos para lectores de estos tiempos que nos hace mirar críticamente hacia adentro y hacia afuera. Es, sin dudas, una contribución valiosa a la literatura Latinoamericana.



Trabajos Citados
Barthes, Roland. S/Z. Preface by Howard, Richard. Translated by Miller, Richard. Paris, 1973. Libro en línea. Disponible en http://vogmae.net.au/intmedia/pubs/BarthesExtract.pdf. Consultado 9 marzo 2015.
Baudillard, Jean. El otro por sí mismo. Anagrama, Barcelona, 1997. Ed. Original: L’autre par lui-même (Habilitation), Éditions Galilée, París, 1987. libro en línea. Disponible 
en http://www.medicinayarte.com/img/biblioteca_virtual_pubilica. Consultado 9 marzo 2015.
DRAE. Diccionario de la Real academia de la Lengua Española. 22a edición, 2001. Disponible en línea en http://lema.rae.es/drae/. Consultado 5 mayo 2015.
González, Carina. Degeneración e identidad: Guadalupe Nettel y la novela de crecimiento como Bildung político.Revista de Literatura Mexicana Contemporánea. (2012 Apr-June): 
21-32.Texto completo. Disponible en línea en 18(53), 21-32. http://ezproxy.li brary.unlv.edu/login?url=http://search.proq. Consultado 9 marzo 2015. 
Brian McHale. What was postmodernism? 2007. Libro electrónico en línea. Disponible en
Consultado 30 abril 2015.
Nextel, Guadalupe. El Huésped. Edit. Anagrama, S. A. Barcelona, 2006. Impreso.
Ortega, Julio.  El principio radical de lo nuevo. Postmodernidad, identidad y novela en América Latina. Lima: Fondo de cultura económica,1997. Impreso.
Selden, Raman, Widdowson, Peter. A Reader’s Guide to Contemporary Literary Theory..
Third Edition.The University Press of Kentucky, 1993. Impreso.
Smith, Verity. Edit. by Verity Smith. Concise Encyclopedia of Latin American Literatura. 
Fitzroy Dearborn, 1997. Publishers. USA, 2000. Disponible in línea en www.booksgoogle.com. Consultado 4 de mayo 2015.



No comments:

Post a Comment