Friday, February 13, 2015

Amor a manos llenas

Amor a manos llenas 
por Olga L. Miranda



Temblaba mi mano cuando rozo la suya en un gesto accidental,…sentí la piel ligeramente áspera y callosa allí donde la vida maltrata, pero tibia, firme, osada. Como por instinto, traté de rehuir la extraña sensación de agrado y complicidad con aquella mano viril y agitada, mas sus dedos fuertes y seguros secuestraron a los míos, pálidos, fríos, confusos…,se inicio un juego desesperado de palmas que se funden y muñecas que chocan con torpeza deseada. En un abrir y cerrar de mis ojos aquel turbión había crecido como ola en mar revuelto. La mano tibia y firme se hizo voraz; los dedos se tornaron guerreros dispuestos a ocupar mas territorio y recorrieron con ternura y desorden esquinas olvidadas y senderos perdidos en los mapas. Mis manos ahora febriles rogaron a las suyas complacientes regar mis flores, rebosar todas las fuentes, inundar todos los ríos. Mi diestra, ya sin temblores ni confusiones, rodó desbocada cuesta abajo prodigando placeres hasta en el alma....entonces, sin pensar, pedí, rogué que me amaran. Súbitamente, sus manos se volvieron raras, se crisparon, se pusieron tensas y lejanas, sin saber por qué avanzaron lentamente al centro de mis dolores, se detuvieron un momento a comprobar que mi corazón aun se desbordaba y acariciaron mi cuello de venas inflamadas. Luego, indiferentes, siguieron rumbo norte hasta lograr aferrarse tenaces a mi garganta...aquellos dedos fuertes y seguros ahogaron mi voz, cortaron de cuajo mi respiración y mis ansias; finalmente... mis manos asustadas se rindieron, copiaron el rictus fatal de mi boca, volvieron a ser pálidas, y quedaron inertes, sobre las suyas, y enamoradas.













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