Monday, September 15, 2014

Poema de un lunes por la manana





Resuelvo, decreto y sentencio que,
ni cien lunas frias,
ni densas brumas día y noche sobre mi jardín;
ni el sombrío presagio de haber visto tres pájaros muertos 
camino a la casa,
me harán renunciar a ser yo misma, a ser quien soy, 
con todas mis luces y todas mis manchas.

Reclamo y anuncio mi paraíso sin dioses,
ni heraldos, ni propietarios, ni presidentes,
ni opio, ni hashis, ni guerras santas.

Preservo mi territorio de buhos rapaces,
de ángeles falsos y repintados, 
de sucias fotos de mucha fama.

Construyo y alzo mi propia dicha
con promesas tercas y postergadas.

Sedo y entierro los huesos rotos, 
los malos ojos, llantos, quejas vanales 
y falsas alabanzas.

Represo mis lagos, 
mis playas, mis costas, mis acantilados,
mis arenas blancas, 
donde estuvo mi cuerpo
expuesto al sol y al oleaje de las mañanas,
y reposó en las noches
sobre unos brazos que lo quemaban.

Atesoro mi musica, mis libros, mis notas,
mis estudios, mis cuentos inconclusos.
Lleno mi closet de rosas rojas y girasoles,
de cosas sabias.

Acuno a mis niños, a mis gatos, a mis musas,
a los amigos fieles y a las nobles palabras.

Marco mis rutas, planto mis huellas.
Reparto mis alegrías, mis añoranzas.

Regreso a mi isla, a mi camada.

Leo a Voltaire y a Rosseau cuando me llaman.

Reafirmo dos viejos sueños;
bailar un tango, viajar a Espana.

Otorgo derecho a la aristocracia 
de estar muy sola, 
de ser tan franca.

 Olga Lidia Miranda

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