Tuesday, May 27, 2014

Fuera del Juego

por Olga Miranda

Fuera del Juego es el titulo de un poemario de Heberto Padilla, poeta, novelista , y primer escritor disidente cubano, que nacio en 1932 en Consolacion del Sur, Pinar del Rio, y murio en Alabama, EUA en el 2000. Fue un intelectual con una obra destacada reconocida nacional e internacionalmente por la que recibio importantes premios literarios (Julian del Casal y Casa de las Americas) Pero tambien fue encarcelado por el regimen dictatorial de Fidel Castro al considerarlo subversivo a raiz de la publicacion de su libro de poemas Fuera del Juego en 1968. Su detencion desato un ola de criticas al regimen cubano por parte de importantes intelectuales que lo defendieron tales como Cortazar, Sartre, Vargas Llosa, Susan Suntag y otrosque denunciaron la politica represiva del regimen contra los escritores.











"En 1968, se desencadenó un escándalo político a raíz del premio que le otorgó el Sindicato de Escritores Cubanos por su libro «Fuera de juego», en el que se vió una actitud demasiado crítica sobre la revolución. Este escándalo se concretó, en 1971, con el encarcelamiento del poeta, al que se le obligó a retractarse publicamente de sus críticas.
Posteriormente, fue autorizado por Fidel Castro a abandonar el país y emigrar a Estados Unidos.
También, en 1968, Heberto Padilla escribe «En mi jardín pastan los héroes» y dos años más tarde, en el año 71, publicó «Provocaciones». La novela «En mi jardín pastan los héroes» fue secuestrada por Castro y diez años más tarde es recuperada y publicada en España. Tras fijar su residencia en Estados Unidos, escribió el libro «El hombre junto al mar». En 1989 presentó en Madrid un libro autobiográfico bajo el título de «La mala memoria», ese mismo año escribió una novela policiaca con el título de «Prohibido el gato»." (publicado por Cubanet internacional 27 de septiembre del 2000)


El caso Padilla: fuera de la Revolución, nada
MADRID. Tulio H. Demicheli. ABC, España. 27 de septiembre de 2000

Los intelectuales, los artistas, los cineastas, incluso los poetas, comenzaban a criticar, así fuera de una 
forma muy tibia, del discurso oficial. El chivo expiatorio fue Heberto Padilla un poeta excelente y revolucionario de la primera hora, aunque políticamente ingenuo. A su detención reacciona de inmediato, como así lo recoge en su primer número la revista Libre (París, septiembre de 1971), la intelligentzia social-liberal de aquellos días: Sartre, Beauvoir, Paz, Cortázar, Duras, Calvino, Sontag, Enzensberger, Genet, Juarroz, García Márquez, Sarduy, Semprún, Claudín, Tàpies, Vargas Llosa, Valente, Marsé, Fuentes, los Goytisolo, Barral, Castellet, Bryce, Donoso y un largo etcétera, así como el Pen Club de México. Enseguida, Seguridad del Estado libera al poeta encarcelado, que se somete a una sesión de autocrítica, en el mejor aliento estalinista, ante la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, el sanedrín de la nueva cultura. «Ustedes saben que yo desde el pasado 20 de marzo estaba detenido por contrarrevolucionario. Por muy grave que parezca esta acusación, esta acusación está fundamentada... por una serie de injurias y difamaciones a la Revolución que constituyen y constituirán siempre mi vergüenza frente a esta Revolución». A continuación, Padilla -en ¿diálogo? con Belkis Kuzá, Manuel Díaz Martínez, Norberto Fuentes, Armando Quesada o José Antonio Portuondo- desgrana con minuciosidad psicoanalítica todos sus pecados y los de otros, que también se confiesan. Mario Vargas Llosa, dirige una carta de renuncia al Comité de Casa de las Américas. En fin, la confesión de Padilla aún provocó la reacción de intelectuales y artistas de todo el mundo: «Creemos un deber comunicarle -señalaban- nuestra vergüenza y nuestra cólera. El lastimoso texto de confesión que ha firmado Heberto Padilla sólo puede haberse obtenido mediante métodos que son la negación de la legalidad y la justicia revolucionarias... (y) recuerdan los momentos más sórdidos de la época del estalinismo, sus juicios prefabricados y sus cacerías de brujas». Ese manifiesto aún significó otra humillación para Padilla, una respuesta a sus defensores: «Ustedes dirán que no he escrito esta carta, que éste no es mi estilo, ustedes que jamás se preocuparon por mi estilo, liberales burgueses, ya que siempre me han visto como a un escritor subdesarrollado, y si ahora me dan importancia es para atacar a la Revolución...» Pudo esacapar de la isla, vivir en Madrid, Nueva York o Miami y morir en Alabama. Descanse en paz.
© 2000 Prensa Española S.A. Reservados todos los derechos.


FUERA DEL JUEGO
A Yannis Ritzos, en una cárcel de Grecia.
¡Al poeta, despídanlo!
Ese no tiene aquí nada que hacer.
No entra en el juego.
No se entusiasma.
No pone en claro su mensaje.
No repara siquiera en los milagros.
Se pasa el día entero cavilando.
Encuentra siempre algo que objetar.

¡A ese tipo, despídanlo!
Echen a un lado al aguafiestas,
a ese malhumorado
del verano,
con gafas negras
bajo el sol que nace.
Siempre
le sedujeron las andanzas
y las bellas catástrofes
del tiempo sin Historia.
Es
    incluso
                anticuado.
Sólo le gusta el viejo Amstrong.

Tararea, a lo sumo,
una canción de Pete Seeger.
Canta,
            entre dientes,
                                    La Guantanamera.
Pero no hay
quien lo haga abrir la boca,
pero no hay
quien lo haga sonreír
cada vez que comienza el espectáculo
y brincan
los payasos por la escena;
cuando las cacatúas
confunden el amor con el terror
y está crujiendo el escenario
y truenan los metales
y los cueros
y todo el mundo salta,
se inclina,
retrocede,
sonríe,
abre la boca
                     “pues sí,
                     claro que sí,
                     por supuesto que sí...”
y bailan todos bien,
bailan bonito,
como les piden que sea el baile.
¡A ese tipo, despídanlo!
Ese no tiene aquí nada que hacer.

INSTRUCCIONES PARA INGRESAR EN UNA NUEVA SOCIEDAD
Lo primero: optimista.
Lo segundo: atildado, comedido, obediente.
(Haber pasado todas las pruebas deportivas).
Y finalmente andar
como lo hace cada miembro:
un paso al frente, y
dos o tres atrás:
pero siempre aplaudiendo.

LOS HOMBRES NUEVOS
Cuando los últimos disparos
resonaban en el turbio canal,
y a través de los vidrios deshechos
se empezaba a borrar el humo negro;
miramos, anhelantes,
sin advertir siquiera
que junto a la caserna abandonada,
bajo los parapetos corroídos
por la sangre y la lluvia,
ellos habían crecido
(sus ojos y sus manos y sus pelos)
y salían gritando hacia el jardín desierto:

“¡La vida es este sueño! ¡La vida es este sueño!”

Pero la vida, ¿era este sueño?
¿De verdad que pensabas en serio, mi viejo
Calderón de la Barca, que la vida es un sueño?

EL ÚNICO POEMA
Entre la realidad y el imposible
se bambolea el único poema. Retenlo
con las manos, o con las uñas, o con los ojos
(si es que puedes) o la respiración ansiosa.
Dótalo, con paciencia, de tu amor
(que él vive solo entre las cosas).
Dale rechazos que vencer
y otra exigencia
mucho mayor que un límite,
que un goce.
Que te descubra diestro, porque es ágil;
con los oídos alertas, porque es sordo;
con los ojos muy abiertos, porque es ciego.
UNA MUCHACHA SE ESTÁ MURIENDO ENTRE MIS BRAZOS
Una muchacha se está muriendo entre mis brazos.
Dice que es la desconcertada de un peligro mayor.
Que anduvo noche y día para encontrar mi casa.
Que ama las piedras grises de mi cuarto.
Dice que tiene el nombre de la Reina de Saba.
Que quiere hacerse cargo de mis hijos.
Una muchacha larga como los gansos.
Una muchacha forrada de plumajes,
suave como un plumón.
Una cabeza sin ganas de vivir.
Unos pechitos tibios debajo de la blusa.
Unos labios más blancos que la córnea de su ojo,
unos brazos colgando de mi cuello,
una muchacha muriéndose irremediablemente entre mis brazos,
torpe, como se mueren las muchachas;
acusando a los hombres,
reclamando, la pobre, para este amor
de última hora
una imposible salvación.

EL ÚNICO POEMA
Entre la realidad y el imposible
se bambolea el único poema. Retenlo
con las manos, o con las uñas, o con los ojos
(si es que puedes) o la respiración ansiosa.
Dótalo, con paciencia, de tu amor
(que él vive solo entre las cosas).
Dale rechazos que vencer
y otra exigencia
mucho mayor que un límite,
que un goce.
Que te descubra diestro, porque es ágil;
con los oídos alertas, porque es sordo;
con los ojos muy abiertos, porque es ciego.
LA VISITANTE
Mi absurda persuasión abriéndole cada noche la puerta;
pero la poesía no entra.
Ella no elije noches para entrar. Ningún
dominio impone —como afirman— de noche.

A cualquier hora el mundo la desplaza
y ella mete en los ojos un círculo perplejo.
Es que llega del polvo,
involuntaria.

¿Quién va a pararse entonces?
¿Quién va a asomarse para verla?
¿Quién es capaz de abrirle,
de hablarle a esa extranjera?
ESCRITO EN AMÉRICA
Amalo, por favor, que es el herido
que redactaba tus proclamas,
el que esperas que llegue a cada huelga;
el que ahora mismo tal vez estén sacando de una casa
a bofetadas,
el que andan siempre buscando en todas partes
como a un canalla.

PAISAJES
Se pueden ver a lo largo de toda Cuba.
Verdes o rojos o amarillos, descascarándose con el agua
y el sol, verdaderos paisajes de estos tiempos
de guerra.
El viento arranca los letreros de Coca-Cola.
Los relojes cortesía de Canada Dry están parados
en la hora vieja.
Chisporrotean, rotos, bajo la lluvia, los anuncios de neón.
Uno de Standard Oil Company queda algo así como
                    S         O         Compa       y
y encima hay unas letras toscas
con que alguien ha escrito PATRIA O MUERTE.

ESTADO DE SITIO
¿Por qué están esos pájaros cantando
si el milano y la zorra se han hecho dueños de la situación
y están pidiendo silencio?

Muy pronto el guardabosques tendrá que darse cuenta,
pero será muy tarde.

Los niños no supieron mantener el secreto de sus padres
y el sitio en que se ocultaba la familia
fue descubierto en menos de lo que canta un gallo.

Dichosos los que miran como piedras,
más elocuentes que una piedra, porque la época es terrible.

La vida hay que vivirla en los refugios,
debajo de la tierra.
Las insignias más bellas que dibujamos en los cuadernos
escolares siempre conducen a la muerte.
Y el coraje, ¿qué es sin una ametralladora?

VÁMONOS, CUERVO
y ahora,
vámonos, cuervo, no a fecundar la cuerva
que ha parido
y llena el mundo de alas negras.
Vámonos a buscar sobre los rascacielos
el hilo roto
de la cometa de mis niños
que se enredó en el trípode viejo del artillero.

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