Saturday, February 18, 2017

La alianza ruso-americana actual y lecciones de la historia.


 (Advertencia: esta información es peligrosa)

La alianza ruso-americana actual y lecciones de la historia. 
por Olga Miranda

Es historia harto conocida que Stalin, inicialmente, fue aliado de la Alemania Nazi, pública y secretamente. Rusia firmó dos tratados con Alemiana (El Tratado de Berlin de 1926 y el Tratado de Molotov-Ribentrop en 1939). Ambos paises se comprometían a no agredirse y se repartían algunos territorios. Según historiadores, estas dos potencias, junto con la Italia de Mussolini, tenían entonces intereses comunes, ERAN DICTADURAS que odiaban las democracias que luchaban por imponerse en las otras naciones europeas. 

"In August 1939, Stalin accepted Hitler's proposal into a non-aggression pact with Nazi Germany, negotiated by the foreign ministers Vyacheslav Molotov for the Soviets and Joachim von Ribbentrop for the Germans"....




Ahora bien:

Vladimir Putin ha declarado recientemente que aquel pacto Stalin-Hiitler no tuvo nada de malo, que eso estuvo bien. (Aqui abajo añadí sus declaraciones publicadas por la prensa)
"Vladimir Putin says there was nothing wrong with Soviet Union's pact with Adolf Hitler's Nazi Germany.
Russian president says he sees nothing wrong with treaty with Nazi Germany that led to the carve-up of Poland - and blames Britain for destroying any chance of an anti-fascist front..."

POSTED BY: THE OBSERVER NOVEMBER 11, 2014
"Russian President Vladimir Putin, in a meeting with historians, has voiced approval of the Molotov-von Ribbentrop non-aggression treaty signed on August 23, 1939, a week before the German invasion of Poland. In a secret protocol to the treaty, which Moscow did not acknowledge until 1989, Germany and Russia agreed to the partition of Poland between them."

En el marco de estos tratados ambos países invadieron y se anexaron diferentes territorios. Esto se realizo en el marco legal de un protocolo militar secreto Nazi- Ruso. Solo en 1989 esto salió a la luz, se descubrió ese pacto y los rusos tuvieron que aceptar su responsabilidad en la Segunda Guerra Mundial. Es decir, que esa guerra monstruosa tal vez se pudo evitar, pero Rusia se alió inicialmente a Alemania y no frenó sus intenciones . Incluso, es sabido que Stalin permitió la primera escalada a Polonia e ignoró las advertencias de sus oficiales de inteligencia acerca del peligro de la Alemania nazi. El, básicamente decía, como ahora Trump dice de los rusos, que el confiaba en el tratado firmado y que los alemanes nunca iban a invadir a Rusia.

El otro hecho peligroso es que Trump también se alia con Putin y dice que todo esta bien, para él Putin es un gran politico y está actuando bien. "Si asesina, who cares? we do too". Entre asesinos eso es puro negocio, parece que piensa él.

Que les parece? graciosas coincidencias de la historia? o se están creando las mismas condiciones que antecedieron a la Segunda Guerra Mundial? está Donald Trump poniendo en serio riesgo la seguridad nacional e internacional confiando en los rusos?
La historia da lecciones que hay que tomar en cuenta, no sería la primera vez que una alianza es "pura jugada de engaño", como dicen en el baloncesto. 

Is Trump putting in a serious risk the national and international security trusting Putin?
The history gives us lessons that we need to learn.

Wednesday, February 15, 2017

El hombre que descifró "el solfeo del espíritu"

La muerte de Lévi-Strauss: El cazador de símbolos

Por: Roger-Pol Droit













Levi Strauss 
Bruselas 1908-París 2009
Junto con Roman Jakobson, es considerado el padre del estructuralismo antropológico, que entiende las civilizaciones estructuradas como un lenguaje. Lévi-Strauss plantea asimismo que ciertas estructuras constituyen el bagaje común de la mente humana. Realizó su primer gran trabajo de campo en Brasil y perfeccionó su perspectiva teórica en los años de la Segunda Guerra Mundial. Escribió ensayos con gran calidad literaria. Murió el sábado pasado a la noche; el 28 hubiese cumplido 101 años.

Tenía 100 años. Había dedicado su vida a estudiar las estructuras comunes que subyacen a los mitos de diferentes culturas. Fue más que un antropólogo: descifró el solfeo del espíritu, o se acercó a ello, a fuerza de rigor y de creatividad conceptual. Fue perseguido durante el nazismo pero nunca cejó en su búsqueda.





Pocos sabios se aventuraron tan lejos como Claude Lévi-Strauss en la exploración de los mecanismos de la cultura. Por vías diferentes y convergentes, se esforzó por comprender la gran máquina simbólica que agrupa todos los planos de la vida humana, desde la familia hasta las creencias religiosas, de las obras de arte a los modales en la mesa. La paradoja de las grandes obras, las que son verdaderamente decisivas e innovadoras, es que se pueden caracterizar en pocas palabras.
Podría decirse, por lo tanto, que descifró el solfeo del espíritu. Por lo menos se aproximó a ello, y mucho, a fuerza de rigor y de creatividad conceptual. Hablar de un solfeo del espíritu no es sólo la prolongación de esa metáfora musical siempre presente en la obra del antropólogo. Ahora bien, hay que entender esa fórmula de manera literal. Aun en el caso de que cantáramos, y a diario, los meandros de la vida en sociedad; aun si conociéramos de memoria las melodías o los matrimonios; no sabríamos qué es lo que organizó esos sistemas. La conciencia no nos revela nada de forma espontánea acerca de los procesos que están en funcionamiento en el vasto ámbito de la simbología social. Es por eso que ignorábamos sus reglas de funcionamiento, las leyes de sus combinaciones. Nos faltaba el solfeo. 
Más allá de la diversidad de las melodías, eso explica las reglas que las engendran: acuerdo, cambio, transformaciones. Definió las formas (canon, fuga, sonata...) No es errado decir que la actividad de Claude Lévi-Strauss apuntaba a un objetivo análogo. Lo que lo atraía era ante todo descubrir las organizaciones ocultas, las leyes subyacentes en el tornasol de las apariencias sociales. Había quienes pensaban en la geología al contemplar un paisaje o reflexionaban sobre las clasificaciones botánicas al encontrarse ante macizos de flores.
Es por eso que, más allá de la desconcertante profusión de las reglas de parentesco, de los tótems o de los mitos, más allá del aparente caos de los intercambios económicos y las creaciones artísticas, se concentró en descubrir, más que una división única y aislada, algunas de las estructuras que los crearon, independientemente de la voluntad y la conciencia de los actores.
Esa tarea, en el fondo siempre similar, tuvo varias épocas y una sucesión de puntos de aplicación. Se concentró primero en el parentesco, del cual Claude Lévi-Strauss abandonó en su tesis la cara visible para analizar "las estructuras elementales". Su obra se concentró luego en el tótem, cuyo enigma aclaró eliminando el terreno de las aparentes analogías para captar mejor los juegos globales. También se centró extensamente en la mitología y con cuatro volúmenes monumentales –de 1964 a 1971– examinó sus transformaciones y su funcionamiento en sí, independiente de las decisiones individuales, de las lenguas, de los pueblos y hasta de los lugares y los tiempos.
Esa preocupación por las estructuras, las combinatorias, los códigos de transformación, aproxima a Claude Lévi-Strauss a los científicos, sobre todo a los matemáticos. También lo acerca a los filósofos, que, de Platón a Kant, reconocieron el lugar central de los procesos formales.
Los mitos "se piensan entre ellos": en eso reside el núcleo de la obra y lo que ésta tiene, a su manera, de vertiginosa. Por eso, en el análisis de esos miles de mitos que "se piensan entre ellos", se responden sin conocerse, se combinan sin que nadie lo haya decidido, se vislumbran los procesos mentales universales.
Ese enfoque de un solfeo del espíritu humano prolonga o acompaña el esquematismo de Kant, la lingüística estructural de Roman Jakobson o, en el psicoanálisis, la teoría lacaniana del significante. El resultado es tanto más impresionante porque ese análisis convoca a pueblos y culturas sin contactos conocidos entre ellos. El historiador –como Georges Dumézil, también imbuido de una perspectiva estructural– sólo compara los mitos surgidos de pueblos cuyos vínculos están documentados. Al superar ese límite, al comparar, por ejemplo, los mitos amerindios con los de Japón, Lévi-Strauss abrió perspectivas teóricas que exceden los límites de la etnología e interesan a la antropología general y al estudio del espíritu de los hombres.
Sin duda esa es una marca persistente, a través de desvíos y exilios, de su profundo compromiso con el rigor de los filósofos. Muy joven, este hijo de artista (su padre era pintor) dirigió su atención hacia los conceptos. En 1927 opta por la filosofía y empieza a enseñarla en 1932. Sin embargo, se aburre con rapidez y cede al deseo de "vivir una experiencia en sociedades indígenas". En 1935 viaja a San Pablo, Brasil, donde enseña durante tres años y realiza varias misiones de estudio entre los bororo y luego entre los nambikawara en compañía de Dina Dreyfus, su primera mujer, con la que se había casado en 1932. Se separaron a su regreso a Francia en 1939. El antropólogo se casó luego dos veces más, en 1945 y en 1954.
Separado de la docencia como consecuencia de las leyes antijudías de Vichy, viaja a Nueva York, donde frecuenta a los surrealistas y se vincula con Jakobson, cuyo aporte fue determinante para la producción de su obra. El período de posguerra fue inestable para este investigador cuyas obras maestras empezaban a publicarse y no contaban aún con el reconocimiento de las instituciones académicas. Agregado cultural en Nueva York y luego enviado de la Unesco en India y Paquistán, en 1950 se incorporó a la École Pratique des Hautes Études con el apoyo de Dumézil.
En 1955, Tristes trópicos lo hace conocido entre el gran público. Es un diario de viaje de escritura límpida y sensible, una meditación sobre el saber y la época de tono muy libre. El libro fue un éxito literario que pronto se convirtió en un éxito de ventas y más tarde en un libro de referencia. Muchas de sus páginas integraron después antologías utilizadas en las aulas. En el texto vemos a un viajero ya preocupado por los desastres del planeta, atormentado por la destrucción de la diversidad humana, pionero de la ecología. Se advierte también su inclinación por el budismo y sus reservas en relación con el islam. Estas últimas son tan fuertes, que algunas páginas de Tristes trópicos a las que en su época no se les prestó atención, seguramente le valdrían a su autor virulentas protestas si fueran publicadas en la actualidad.
Luego de la publicación de Antropología estructural (1958) y de su elección para el Collège de France (1959), Lévi-Strauss desarrolló una actividad excepcional como organizador y autor que le valió un creciente reconocimiento internacional. Después de El pensamiento salvaje (1962) y de los cuatro tomos de Mitológicas, se hizo evidente que su obra era una de las más importantes del siglo. Es por eso que resulta difícil hablar del hombre, de la sociedad o de los intercambios sin tener en cuenta su aporte.
Los honores se sucedieron. En 1973 se eligió a Claude Lévi-Strauss como miembro de la Academia Francesa. Acompañó a François Mitterrand a Brasil en 1985; sus colecciones de objetos se expusieron en el Museo del Hombre en 1989 y sus fotografías de Brasil se publicaron en 1994.
En 2005, la Unesco festejaba el sexagésimo aniversario de su creación y le confió a su antiguo colaborador el discurso de apertura, discurso que, a pesar de que el orador se aproximaba al siglo de vida, seguirá siendo un modelo de pertinencia y lucidez. En el mismo, al referirse a Rousseau –uno de sus maestros, junto con Montaigne–, destaca las amenazas que nuestra expansión desenfrenada significan para la naturaleza y la humanidad. En definitiva, Claude Lévi-Strauss no separaba la defensa de la diversidad cultural y de la diversidad natural.
En una época vertiginosa, confusa, sumida en la abulia y el simplismo, Lévi-Strauss pasaba con frecuencia por distante. Todos los que tuvieron la oportunidad de conocerlo saben en qué medida ese espíritu universal, profundamente interesado en la dignidad de todos los pueblos, era accesible, amistoso, leal y cálido, sobre todo si se le mantenía la mirada, por muy acerada que ésta fuera.
(C) Le Monde y clarin
traduccion de joaquin ibarburu
Pensamientos de Levi-strauss

Wednesday, July 20, 2016

"Bailar es tan importante como sumar"

Cuando leí el artículo que Karla Zumbado compartió en su pagina de Facebook, el cual lleva por título: Ken Robinson: “Pagamos un alto precio por sacar los sentimientos de la escuela", comenté lo siguiente:

"José Martí lo advirtió hace mas de un siglo cuando dijo que la escuela debía educar en el pensamiento y en la dirección de los sentimientos. Pero en la realidad la educación ha sido cientificista, positivista, pragmática y poco humanista. De ahi la crisis actual de la civilización. En pleno siglo 21 hoy día profesores universitarios en este país “altamente desarrollado" con grados de doctores me han recriminado que en mis escritos aparezca la palabra pedagogía argumentando que “no es una ciencia”. Que podemos esperar del futuro si así piensan los responsables de la educación de los jóvenes. La ignorancia con títulos académicos es mas peligrosa porque es arrogante y tiene poder para imponer ideas reaccionarias y decadentes. Por suerte a mi me formaron pedagogos, no “instructores”."

Además pensé que seguiré motivando a mis alumnos en mis clases de idioma español a que aprendan a bailar ritmos latinos. Lo he hecho a pesar de que mis maestros lo ven poco académico y no científico ja ja ja.

Marti afirmó: "Instrucción no es lo mismo que educación: aquélla se refiere al pensamiento, y ésta principalmente a los sentimientos"(Obras Completas, tomo 19, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 1975, pp. 375-376).













Brillante orador y escritor superventas, asesora a Gobiernos e instituciones para promover un sistema educativo que no encorsete el talento y se tome en serio la creatividad.




El País. Semanal. 
ACTUALIZADO MIÉRCOLES 13 DE JULIO DE 201600:05

HA SIDO asesor del ex primer ministro británico Tony Blair y de más de una decena de Gobiernos. Millones de personas siguen sus conferencias, gestionadas por la misma agencia que supervisa las apariciones del político George W. Bush o el Nobel de Economía Joseph Stiglitz. Sir Ken Robinson –la reina Isabel II lo nombró caballero en 2003 por el fomento de las artes– es uno de los pensadores educativos más solicitados de las últimas dos décadas. Y predica un mensaje devastador para la escuela tradicional: los niños nacen con cualidades que, a menudo, el sistema entierra. Su colegio, al que llegó por casualidad, le cambió la vida.
Era un crío de rizos pelirrojos que perseguía un balón en el barrio de Walton, en Liverpool, cuando su padre sentenció: “Este niño jugará al fútbol en el Everton”. Pero la polio se cruzó en su camino. A Ken Robinson (Liverpool, 1950) lo enviaron a un centro de educación especial para los descartados del sistema, niños con problemas físicos o retrasos en el aprendizaje. En aquella clase, que él define como “un montón de individuos diferentes que recordaba a la cantina de La guerra de las galaxias”, sus profesores, Mr. Strafford y Mrs. York, fomentaron las aptitudes que lo han convertido en uno de los grandes referentes de la enseñanza y en un prolífico escritor de best sellers.


“LA GENTE PIENSA QUE ES UNA EXCENTRICIDAD DECIR QUE LA ESCUELA FUNCIONA COMO UNA FÁBRICA, PERO ES CIERTO”

Ken Robinson llega sonriente a la cita en una oficina compartida a escasos metros del campus de la Universidad de California, en Los Ángeles. “Llevo muchos años aquí. Ya soy angelino”, comenta, aunque su piel pálida y su acento lo desmientan. El inglés se apoya en un bastón –tiene la pierna derecha más corta que la izquierda–, tiende una mirada brillante y enarbola un discurso rotundo: “Pagamos un precio muy alto por sacar los sentimientos de la escuela”.
Hace 15 años que vive en la megalópolis californiana. Tras dar clases en la Universidad de Warwick (Coventry, Inglaterra), recaló allí con su mujer, Terry, también de Liverpool y escritora, y con sus dos hijos, James y Kate.
El Elemento. Descubrir tu pasión lo cambia todo (Grijalbo, 2009), que se ha traducido a 21 idiomas, es su libro más conocido. Contiene las historias de éxito que desgrana en sus charlas. Habla, por ejemplo, de cómo Matt Groening, el creador de Los Simpson, encontró su camino cuando se enteró de que “había otras personas que no sabían dibujar pero vivían de ello”. O del economista Paul Samuelson, que siempre consideró los números “pura diversión”.






El éxito de Robinson está estrechamente ligado al crecimiento de las redes sociales. En febrero de 2006 protagonizó una charla TED –organización pionera en proponer un formato de conferencias breves que se difunden por Internet–, que desde entonces suma una media de 10.000 visionados diarios y roza ya los 40 millones. En aquella ponencia de 19 minutos y 24 segundos, que tituló ¿Matan las escuelas la creatividad?, cuenta la anécdota de una niña retraída que siempre pintaba en clase. “¿Qué dibujas?”, le preguntó la maestra. “Estoy pintando a Dios”, respondió. Cuando su profesora le hace entender que nadie lo ha visto nunca, ella replica: “Mejor, en cinco minutos podrán saber cómo es”.
En sus charlas defiende que bailar es tan importante como sumar. Creo que la gente que piensa que bailar no es importante, probablemente ni baila ni nunca lo ha intentado. Y lo digo en serio. Los humanos tenemos un cuerpo, no somos programas, y nuestra relación con él es fundamental para nuestro bienestar. Muchos problemas del mundo civilizado tienen que ver con la obesidad, la diabetes o la depresión. En Estados Unidos hay una generación de jóvenes que, por primera vez, puede que vivan menos que sus padres debido a enfermedades cardiacas y otras dolencias vinculadas a una dieta pobre y poco ejercicio. El sistema educativo trata la vida humana como si solo importase lo que existe entre las dos orejas. La danza está relacionada con el resto de las artes y ciencias, y yo defiendo una concepción holística de la inteligencia. Además, resulta que hay un montón de matemáticas en la danza, pregunte a cualquiera que baile profesionalmente.
En 1997, el Gobierno británico le pidió formar una comisión nacional para asesorarle sobre cómo potenciar la creatividad en la escuela de los 5 a los 18 años. ¿Ha cambiado el sistema educativo desde su informe? El Gobierno actual avanza en sentido contrario, como ocurre en Estados Unidos. Pero el de entonces, con Tony Blair de primer ministro, llevaba tiempo planteando que hacían falta cambios. El mundo evoluciona rápida y profundamente, y los sistemas educativos que funcionaban en el siglo XIX no sirven para los retos actuales. Cuando Blair llegó al poder lideró una serie de reformas que tuvieron justo el efecto contrario: más estandarización, más pruebas, un currículo menos flexible. Así que unos cuantos le dijimos que, ya que lo pregonaba, debía tomarse en serio la creatividad. Si defiendes la alfabetización y te importa que la gente aprenda a leer y a escribir, no te limitas a dejar libros a su alrededor a ver si muestran interés. Si vas en serio con la creatividad, necesitas una estrategia para impulsarla, por eso reuní a 50 personas y creamos una comisión gubernamental para diseñarla.

Ken Robinson, durante la entrevista en el campus de la UCLA de Los Ángeles. NANCY PASTOR
Robinson forma parte de una corriente de pensadores que busca transformar el sistema con innovaciones, y que se enfrenta a otra, también muy relevante, que reclama reforzar la disciplina y evaluar de forma sistemática el modelo. Rechaza la proliferación de exámenes estandarizados que se da en Estados Unidos –donde los alumnos se enfrentan a hasta un centenar de evaluaciones externas a lo largo de su vida escolar– y que está empezando a implantarse en España. Su modelo pasa por una escuela que promueva disciplinas como la danza o el teatro, y que experimente con técnicas novedosas como el aprendizaje basado en proyectos, consistente en enseñar a los alumnos a través de casos reales. Por ejemplo, montar una empresa de jabones para aprender química y economía.
Lo cierto es que han transcurrido casi dos décadas y sus ideas no han calado. Al menos no de forma mayoritaria. Bueno, es difícil saberlo. Pero llevo hablando de esto mucho más de 20 años. Empecé en 1972, cuando conseguí mi primer trabajo en educación. Y hay otros que comenzaron mucho antes: Maria Montessori, John Dewey y muchos más. Siempre ha habido expertos que han reclamado una aproximación más humana y personalizada y no un sistema que se asemeje a una cadena de producción industrial. La gente piensa que es una excentricidad decir que la escuela funciona como una fábrica, pero es cierto. Se divide en compartimentos separados, a los que la gente acude durante unas horas fijas; los días se distribuyen en bloques de tiempo y los alumnos son evaluados de forma periódica para saber si son aptos para seguir ahí. A los que no se adaptan se les responsabiliza de su fracaso, pese a que es el sistema el que les ha fallado. La gente entiende esto y cada vez hay más colegios que quieren aplicar otras teorías.
De ellos habla en su último libro, Escuelas creativas (Grijalbo). La educación es un sistema dinámico y complejo. Hablo con mucha gente y a menudo veo que han recibido una influencia positiva porque sienten que, de alguna forma, les estoy dando permiso para innovar. Trato de justificar por qué la creatividad no es un conjunto extravagante de actos expresivos, sino la forma más elevada de expresión intelectual. Así funcionan los grandes académicos. La ciencia se ha cimentado sobre un pensamiento rico, original y creativo unido al entendimiento crítico. Estas charlas han logrado abrir ese debate. Hay países enteros cambiando, como Finlandia, Corea del Sur, Singapur, Hong Kong y otras zonas de China, que ya empiezan a planteárselo.
¿Y Estados Unidos? Aún no. Al menos no a nivel nacional. Lo debaten, como hizo Inglaterra, pero luego hacen algo diferente. Afortunadamente, la educación va más allá de los discursos de los políticos. Yo trato de ayudar a la gente para que sean ellos los que modifiquen el sistema.
Usted proclama que los títulos universitarios ya no valen nada. No es que no valgan nada, es que valen menos. Cuando yo empecé en esto, si tenías un doctorado, formabas parte del 0,01% de la población mundial que lo había cursado, y ya no es así. Funciona como la inflación. Antes, una carrera era todo lo que necesitabas para conseguir un buen trabajo; ahora hace falta también un máster. ¿Dónde acaba? Supongo que dentro de unos años tendrás que ganar un Nobel para trabajar. “Ah, tienes un Nobel, qué bien. Pero ¿qué tal dominas el Excel?”. Las promesas de una buena educación superior comienzan a tambalearse. Algunos empiezan a pensar que tal vez no sea imprescindible ir a la universidad. Aunque, de momento, la pelota está en el campo de los titulados porque sus rentas son mayores que el promedio. Yo solo digo que eso está cambiando.

“ANTES UNA CARRERA ERA TODO LO NECESARIO PARA LOGRAR UN BUEN TRABAJO. AHORA HACE FALTA TAMBIÉN UN MÁSTER. ¿QUÉ SERÁ LO PRÓXIMO? ¿EL NOBEL?”

¿A quién perjudica el sistema actual? Cuando ves a niños a los que la escuela les da un mal servicio, que abandonan las aulas pensando que son estúpidos y acaban en las calles como pandilleros, en la cárcel, en trabajos precarios o que hunden su vida en antidepresivos y alcohol… No digo que la educación sea la respuesta a todo esto, pero creo que un mejor comienzo vital les brindaría la oportunidad de descubrir sus auténticas cualidades y elegir su camino. Esto ocurre a menudo en los buenos colegios. Hay profesores estupendos que son capaces de rescatar niños al borde del abismo y encauzarlos. Cuando digo que es una cuestión de derechos humanos no es una exageración: la gente tiene derecho a dirigir su propia vida.
En lo que Ken Robinson sí parece un auténtico angelino es en su aura de estrella. Sus charlas las gestiona la Washington Speakers Bureau, que pide un caché de entre 6.700 a 36.000 euros por conferencia. Además de figuras políticas estadounidenses, entre los representados de la agencia se encuentra el cocinero José Andrés o el expresidente José María Aznar. En 2015 le contrató Meridianos –que invitó a El País Semanal a Los Ángeles para entrevistar a Robinson–, la fundación española que busca opciones para menores marginados y que participa en la primera red europea de empleo para jóvenes exinfractores y en riesgo de exclusión social.
¿Cuál es el papel de los padres? Ahora trabajo en un libro dirigido a ellos, porque me preguntan mucho, y a veces las familias son parte del problema. Muchas de las presiones que llegan a los colegios provienen de padres angustiados por la educación de sus hijos. Otros muchos consideran que el sistema vigente está bien y piden más deberes y programas de refuerzo. Creo que les puedo ayudar porque solo conocen el modelo que vivieron ellos, y hay algunos mitos que me gustaría desterrar porque así presionarán para lograr un cambio. En Estados Unidos, los Estados están aprobando progresivamente el matrimonio homosexual, y eso hace 20 años era impensable. No estaba en la agenda, pero la gente transmitió que no tenía sentido y los gobernantes tuvieron que hacerles caso. El cambio llegó de abajo arriba, como ocurre siempre con los derechos civiles, y así es como debe transformarse el sistema.
¿Cómo educó usted a sus hijos? Me lo preguntan mucho y siempre respondo que cada niño es único. Mis chicos –el mayor, James, tiene ahora 31 años, y Kate ha cumplido 26– compartieron colegio en Inglaterra durante un tiempo. Para él era bueno, pero para ella no tanto. A James le interesa más la teoría, y a Kate, el diseño y la danza, y esa escuela era muy académica, así que decidimos cambiarla. Nos mudamos a Los Ángeles cuando ya eran adolescentes y la situación se repitió. Al final, sacamos a Kate del centro a los 16 años y la educamos en casa. Mi mujer se encargó de casi todo. Le diseñamos un programa y luego fue al colegio universitario [con titulaciones de dos años]. Lo curioso es que ahora le fascina la educación. No la hemos convencido nosotros, pero seguramente nuestra trayectoria le ha influido: dirige un proyecto del Gobierno finlandés, The HundrED, concebido para identificar los cien programas de enseñanza más innovadores del mundo.


Monday, July 18, 2016

Ruinas comunistas

Ruinas comunistas

Junio 5, 2014 | Tags: 
Durante su estancia en China al novelista cubano-español Ronaldo Menéndez se le ocurrió hacer un viaje por las ruinas del comunismo. Al regresar a su hogar madrileño decidió continuar, junto con su compañera Natalia, lo que habían iniciado en Pekín. El proyecto consistió en viajar un poco al azar como mochileros en plan de arqueólogos de una realidad difunta o en serio peligro de extinción: el comunismo. El resultado de su viaje es un divertidísimo libro, de prosa ágil e irónica, titulado Rojo aceituna: Un viaje a la sombra del comunismo (Madrid, 2014), altamente recomendable a los izquierdistas que no se hayan hundido todavía irremediablemente en la solemnidad malhumorada que les inspira esta época postcomunista. La experiencia china llevó a Menéndez a preguntarse cómo diablos había sido posible que en una sociedad tan profundamente devota del capital floreciera tan duramente el voluntarismo impuesto por un sistema comunista. Yo mismo, hace poco, emprendí un viaje a China con propósitos similares a los de Menéndez, salvo que mi estilo no es el de un mochilero en busca de lo auténtico, lo salvaje y lo profundo; yo prefiero lo artificial, lo cultivado y lo que está a flor de tierra, pues allí creo encontrar claves para iniciar una exploración de las ruinas del comunismo.
Me gusta la actitud irónica de este escritor, y la comparto. Aunque compruebo que su buen humor se paraliza cuando llega a Phnom Penh y visita la antigua escuela S-21, un edificio que albergó el centro de tortura y exterminio del Khmer rojo camboyano y donde murieron unas 17 mil personas (hoy es un museo que denuncia el genocidio). Tampoco es un tema para bromas la gran hambruna en China que entre 1958 y 1961 mató a unos 30 millones de personas, catástrofe en buena parte desencadenada por el llamado "Gran Salto Adelante" ideado por Mao. La tragedia china continuó pocos años después cuando Mao desencadenó la Revolución Cultural, que en China hoy casi todos repudian como algo nefasto.
Pero la agridulce ironía se revela como un buen método de aproximación a lo que ocurre en Cuba, Venezuela o Bolivia. Las aventuras de las nuevas formas de propiedad privada en Cuba son hilarantes, corroídas como están por una burocracia ineficiente que no tiene ni idea de qué hacer ante una transición hacia no se sabe bien qué. El surrealismo calamitoso de la llamada "Revolución Bolivariana" resulta especialmente divertido visto con los ojos de un cubano que es enviado a Venezuela como "especialista literario" para coordinar talleres para jóvenes escritores, y que acaba recluido en una antigua estación de policía, en un barrio pobrísimo de los cerros de Caracas, dando clases a personas analfabetas que no quieren alfabetizarse. El viaje al "socialismo del siglo XXI" en su versión boliviana no es menos irónico y sintomático. Allí, en Cerro Rico (Patrimonio Natural y Cultural de la Humanidad) malviven unos mineros ajenos a las antiguas glorias de la plata del Potosí, y que no ven con buenos ojos al gobierno socializante de Evo Morales.
El socialismo bolivariano nace bajo una luz crepuscular, ya marchito y como en ruinas. Hacia el final de su viaje, Menéndez llega a una triste conclusión: "hace treinta años los jóvenes militantes de izquierda eran aguerridos, afiliados, orgánicos. Hoy tienden a flotar en el flato de la decepción, lamerse las heridas y retirarse al margen". Pero el libro de Menéndez escapa a esta melancolía con ayuda de su buen humor satírico.
Es una pena que Menéndez, en lugar de irse al lejano Oriente desde América del Sur, no haya seguido su viaje hacia México, donde la izquierda necesita urgentemente fuertes dosis de ironía y de buen humor para repensar su pasado reciente. Una mirada humorística a las recientes desventuras de los movimientos de izquierda bien valdría la pena: guerrilleros que luchan por la paz, maestros rebeldes que protestan contra la falta de ignorancia, populistas que quieren bajar los impuestos, intelectuales alérgicos a la democracia, confrontaciones tribales...
Pero, ¿es posible encarar los infortunios con ironía y humor? ¿Hay novelistas en México capaces de mirar con sarcasmo las desgraciadas aventuras de todas las izquierdas, desde las reformistas hasta las comunistas? En general los fracasos suelen ocasionar ataques agudos de solemnidad. Pero cuando surge el buen humor es que ya se está logrando abrir un nuevo camino.
(Publicado previamente en el periódico Reforma)

"Somos lenguaje y amor"

EXCELENTE entrevista a Emilio Lledó uno de los últimos sabios de España. Sus opiniones sobre la importancia de la filosofía griega, de la cultura clásica y de la educación de los niños en el concepto del lenguaje como instrumento del pensamiento y de los sentimientos son reveladoras de la existencia de una tradición humanista que no se rinde ante la tecnología, ni ante el poder de los medios y los politicos.






"Somos lenguaje y amor. Por eso hay que educar también en eso a los niños en la escuela. Enseñarles la sensibilidad, a mirar un cuadro. Los niños tienen mucha más curiosidad de lo que los mayores pensamos, sin creer que la cultura es una cosa que tiene que meterse en la cabeza a la fuerza. La cultura es un estímulo. ¡Hasta los cómics!"








«Es importante que escapemos de las frases hechas»

Emilio Lledó


http://msur.es/2016/06/07/emilio-lledo/3/


Sevilla  | Mayo  2016
Confiesa estar cansado de entrevistas. El año pasado, tras atender a docenas de medios por la concesión del premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, hubo de retirarse a descansar con su familia. “Este año ya llevo más de treinta… ¡Y tengo 88 años!”, lamenta. Sin embargo, su aspecto es saludable, camina con envidiable rectitud y, lo que parece más importante para su profesión, posee intacta su famosa lucidez. Conversar con él es un placer que ningún periodista quiere perderse.
Emilio Lledó (Sevilla, 1927), hijo de saltereños y criado en Triana hasta la edad de seis años, académico de la lengua, profesor en las universidades de Heidelberg, La Laguna, Barcelona y Madrid, es uno de los pocos sabios españoles vivos. El pensamiento griego, la historia de la filosofía, el lenguaje y la memoria articulan su obra, en la que destacan títulos como La memoria del logos, El epicureísmo, Memoria de la ética, Elogio de la infelicidad, Pensar es conversar o Fidelidad a Grecia, entre muchos otros.
«Que se mantengan en cartel obras de Sófocles o Aristófanes es uno de los regalos más hermosos de la cultura»
Aunque reside en Madrid, mantiene un vínculo muy estrecho con su Andalucía natal, y nunca se ha arrepentido de rechazar el puesto que Gadamer le ofreció en la universidad alemana. Las expresiones que más repite, acaso sin darse cuenta, son “es sorprendente” o “es curioso”. Tal vez sea ése el secreto de haber llegado a esta edad en plenitud de facultades.
La Grecia que usted estudió tan a fondo, ¿guarda alguna relación con la Grecia de Tsipras y Syntagma, o son dos países completamente distintos que sólo por casualidad comparten nombre?
No conozco muy bien la Grecia contemporánea, he estado allí solo un par de veces, pero qué duda cabe de que los griegos de hoy son herederos de esa tradición. Me compré allí un par de ediciones de Diálogos de Platón y resultó que eran bilingües, en griego clásico y traducción al moderno. Me llamó gratamente la atención la belleza del clásico, no se podía decir, ni de lejos, que estuviera mejor dicho en moderno. Es sorprendente. No solo en Platón, en la Ilíada y en laOdisea, que se recogieron antes porque casi nadie sabía escribir… Cuántas veces leemos literatura contemporánea, aunque mucha sea importante y pensamos, ¿cuánto durará esto? A lo mejor, ni 30 años. En cambio, que se mantengan en cartel esas tragedias de Sófocles, las comedias de Aristófanes, la Historia de Tucídides, con ese lenguaje tan enormemente rico, expresivo, hondo, es uno de los regalos más hermosos de la cultura.
Entonces, la Fidelidad a Grecia que usted defendía en un libro, ¿es extensible al presente?
Por supuesto. Fidelidad y solidaridad.
Y paradójicamente, cada vez estamos más lejos de ella, al menos en los planes de estudio.
«Es clásico el autor que puedes estar leyendo continuamente sabiendo que cada vez te aporta algo nuevo»
Me sorprende que en los planes, o los desplanes, o los desplantes de estudio, no se dé la importancia que se debe a esa cultura clásica, al Humanismo. Por supuesto que la tecnología es importante en la sociedad que vivimos, que es una sociedad tecnológica. Pero ese poso cultural, esa relación con el lenguaje, el continuo diálogo, no solo con los griegos… Pienso también en el Quijote, que he leído muchas veces. Me sorprende que cada vez que vuelvo a él encuentro cosas nuevas. Esa es una de las características más hermosas, profundas, aleccionadoras y estimulantes de lo que llamábamos los clásicos. Me atrevería a definir clásico como aquel autor que puedes estar leyendo continuamente sabiendo que cada vez te aporta algo nuevo, como cada vez que escuchas las Sonatas para violoncello de Bach te renuevan, te reviven, te alientan.
Hay generaciones de estudiosos que han aprendido alemán sólo para poder leer a Hegel o Heidegger. ¿Es intraducible la filosofía? ¿Hay idiomas más indicados para otros para la Filosofía, como idea absoluta?
Creo que no. Cuando el pensamiento es poderoso, se puede decir en cualquier lengua. Tradicionalmente, se ha dicho que es muy apta la lengua alemana, es verdad, pero se puede hacer filosofía en cualquier lengua, con tal de que haya un interés. Los griegos hicieron un prodigio de cultura con la griega. Es verdad que la de los latinos, en comparación, no es aparentemente importante, pero eso no quiere decir que los romanos no estuvieran dotados… Para el pensamiento todos estamos dotados. Si no, estamos mal. Toda reflexión de libertad, todo mundo intelectual que tiene que ver con plantearse críticamente qué es la vida, la justicia, la bondad, el bien… Son planteamientos filosóficos que se puede hacer en cualquier lengua. El Quijote es un libro filosófico.
Sabemos que parte de las obras de Aristóteles nos ha llegado a través de traducciones árabes, que sin la civilización árabe, nuestra Filosofía actual no sería imaginable. ¿Por qué el ciudadano ilustrado medio conoce tan pocos nombres de filósofos árabes?
Me sorprende, no sé a qué atribuirlo, y no sé árabe. Me pregunto si podría haber un fanatismo religioso que estableciese, no sé… Todo pensamiento fanático, dogmático, que además implica una negativa para pensar en algo que no sea lo que el dogma dice, es en el fondo un freno para la racionalidad. La filosofía griega, en buena parte, fue herencia o llegó hasta nosotros a través de la cultura árabe. Por otro lado me choca que esa enorme explosión que hubo precisamente aquí, de libertad, con Averroes y Avicena, no ha vuelto a reproducirse.
Estamos acostumbrados al protagonismo masculino en la Historia, pero ¿no da la impresión que en la Filosofía, la tasa de mujeres es aún menor que en otras ramas? Todavía hay quien niega la categoría de filósofa a Hannah Arendt o a María Zambrano…
«Las figuras más grandiosas de la tragedia griega son mujeres. No solo Helena»
Bueno esa es una deformación de los que se resisten. En la cultura griega parece que hay cierto antifeminismo, la mujer tenía otro papel… Sin embargo, en elBanquete de Platón, el discurso más hermoso sobre lo que es el amor lo dice una mujer, Diótima de Mantinea. No he investigado sobre ella, tal vez fue un invento. Pero es curioso que habiendo distintos comensales y teorías sobre qué es el amor, el sentido del amor, el discurso más hermoso es de una mujer, lo cual no deja de ser importante. Y por supuesto, las figuras más grandiosas de la tragedia griega son mujeres. No solo Helena. Atribuir el concepto de machismo en la cultura griega, es inadecuado. Hay que estudiarlo a fondo.
Usted es académico. Reprochan a la RAE que mantenga un lenguaje que algunas tildan de sexista por el genérico masculino. ¿Cimenta el lenguaje una visión patriarcal de la sociedad? ¿Tiene sentido modificar el idioma?
No creo que sea un tema importante, la verdad. Es sociológicamente digno, pero lo realmente importante es que nos escapemos de las frases hechas. Vivimos como si el lenguaje fuera un lago helado, y patinamos sobre él. “Crear empleo”, pero bueno tío, ¿cómo se crea empleo?. Debajo de esa pátina helada, está el mar del lenguaje, el mar de los sentidos, el mar de los significados. Por eso la verdadera educación se fundamenta sobre todo en la enseñanza del lenguaje. No en la gramática, que será importante, sino en hacer pensar a los jóvenes, a los niños, en las palabras que usan.
En sus memorias, Juan Cruz lo recuerda a usted como un profesor que no exigía la acumulación de conocimientos, sino que sus alumnos fueran reflexivos y creativos.
«Muchos políticos hablan con frases hechas, con conceptos estereotipados que no llevan a nada»
Ha habido años en que la educación ha estado en mano de pedagogos poco pedagogos, encerrados en estructuras fanatizantes o fanatizadas. Por eso debemos fijarnos en cómo muchos políticos hablan con frases hechas, con conceptos estereotipados que no llevan a nada, ni dicen nada, ni pretenden nada, ni solucionan nada. Soy un apasionado del lenguaje, es lo que somos, somos lenguaje, somos comunicación, somos memoria, somos transmisión. Por eso me parece que una de las grandes insensateces que se dicen hoy es que no hay que tener memoria histórica, ¡pero bueno, si eso es el fundamento de lo que somos! No hay futuro sin memoria, ¿desde que trampolín saltaremos al futuro, si no tenemos el de la memoria? Y los políticos no estén a la altura de esa necesidad, ni son conscientes de la trascendencia de lo que ellos hacen. Lo que yo hago no tiene importancia, puedo escribir cuatro cosas, pero no tengo en las manos eso que llaman poder.
Uno de sus textos se preguntaba quién privatiza a los políticos. ¿Ha encontrado respuesta en estos años?
No, pero lo dejo abierto, porque se han privatizado, por supuesto. Sobre todo un tipo de político derechoide está privatizado por esas ideas conservaduristas, que son muy distintas de conservadoras. Cualquier político que tenga un poder real, y quiera influir en la sociedad, no tiene más remedio que no dejarse privatizar, a no ser que sea por los ideales de cultura, educación y bienestar colectivo.
¿Se puede ser proletario y epicúreo, o es una filosofía reservada para personas con posibles?
Fíjate cómo aprende uno continuamente, nunca me había planteado ese problema. Yo diría que Epicuro fue una figura popular, en su jardín entraban mujeres, cosa que por ejemplo era más problemático en el Liceo de Aristóteles o en la Academia de Platón. No había nada de elitismo en él. Y por otro lado, del epicureísmo no queda nada, tres cantos, unos cuantos fragmentos, fue barrido por la Historia. Y me huelo que fue arrasado ideológicamente, porque ese afán del cuerpo, procurar que sea feliz, que tenga alimento, alegría, esperanza, sentimiento de solidaridad, una cierta oligarquía lo rechazaba, le rechinaba. La ideología que subyace en Epicuro es una filosofía del más acá. Por eso creo que hay un resto epicúreo en Nietzsche cuando dice: “Hermano, permanecer fiel a la tierra”. No creas en los que te hablan de futuro, fuera del mundo, de los árboles, fuera de la realidad.
Hoy parece que nos exigen pertenecer al extremo opuesto, ser estoicos. Nos remiten a Epicteto…
«Eros es lo que realmente somos. Eso los negadores de la vida, del gozo, no lo pueden soportar»
Es curiosa la riqueza de estos filósofos aparentemente no tan importantes como Platón o Aristóteles, en parte porque no ha llegado su obra hasta nuestros días. A veces un cierto conformismo con la realidad también es saludable, sobre todo no aspirar a lo imposible, ni a la riqueza económica desmesurada, porque nadie puede controlar toda esa desmesura. Un hombre muy rico que estaba muriéndose me dijo una vez: “Emilio, sobrarme tantísimo dinero, ¡y no poder comprar ni un minuto de vida!”
¿Ha llegado a explicarse alguna vez por qué el Eros ha sido tan combatido por todas las iglesias?
Es lo que realmente somos. Es una manifestación del gozo del cuerpo. Eso los negadores de la vida, del gozo, no lo pueden soportar. Además, es una forma de liberación. El amor es una forma de salir de ti, encontrar un vínculo enormemente intenso, poderoso y creativo a su vez, que da vida. Somos lenguaje y amor. Por eso hay que educar también en eso a los niños en la escuela. Enseñarles la sensibilidad, a mirar un cuadro. Los niños tienen mucha más curiosidad de lo que los mayores pensamos, sin creer que la cultura es una cosa que tiene que meterse en la cabeza a la fuerza. La cultura es un estímulo. ¡Hasta los cómics!
¡No faltaba más!
«Durante la Guerra civil no se podrían comprar cómics, y yo me pintaba mis propios cómics»
Recuerdo que durante la Guerra civil no se podrían comprar cómics. En Vicálvaro, con diez o doce años, estábamos acostumbrados a oír las bombas que caían. A menudo nos sacaban del colegio y nos echaban a las eras, porque en los surcos te podías agachar. Entonces, la escapada era leer cómics, y yo me pintaba mis propios cómics. Es de las pérdidas que más siento de mis mudanzas. Todavía recuerdo que eran cuartillas, con aquellas chinchetas amarillentas, y tenía como quince o veinte dibujos, casi todos de combates de aviación. Era una pequeña escapada del mundo, de lo inmediato.
Usted ayudó a los emigrantes andaluces en Alemania. ¿Cómo está viviendo la actitud de Europa en el drama de los refugiados?
Una de las cosas que me sorprenden es que se hable de refugiados con tanta intensidad, pero nadie nos explique por qué hay esas guerras. Si hubiera que establecer un porcentaje, sería el 95 % es teoría del refugiado, y solo el 5 % se dedica al porqué. Hay que insistir, exigir que nos digan las causas de que la gente huya. ¿Por qué hay guerra? Llevamos cinco años en Siria y todavía no lo sabemos, no nos iluminan. Y es un problema que tenemos que abordar.

Sin tele, a mucha honra

Uno de los episodios más controvertidos –o simplemente ruidosos– de las múltiples andanzas de Emilio Lledó fue su presidencia del Consejo para la Reforma de los Medios de Comunicación del Estado creado por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.
El supuesto escándalo vino con la revelación de que el profesor asumía esa responsabilidad a pesar de no tener tele en casa. Naturalmente, sigue sin tenerla, aunque afirma saber del medio televisivo como el que más.
“Me dieron tanta caña… ¡Un señor que no tiene televisión! Mire usted, perdí un año de mi vida trabajando sin cobrar un céntimo, no quisimos cobrar ninguno del consejo. Y ahora soy el especialista en televisión, no diré el número uno, pero sí entre la docena de máximos especialistas, porque lo sé todo. Me hinché a leer libros en inglés, en francés, en alemán… Yo he tenido televisión cuando vivía en Barcelona, por los niños. Pero cuando me fui a Alemania, -mis hijos ya no vivían conmigo, estaban fuera-, el aparato estaba roto. Me dio pereza comprarme otro y empecé a vivir sin televisión, y aprendí a no echarla de menos. Me ha gustado ver algunas cosas en casa de un amigo, o en un hotel. Pero no hace falta ver 40 programas de Sálvame Deluxe o Denoluxe para saber quién es Belén Esteban. Me dolió mucho aquella ferocidad con que me dieron, porque era injusto”.

Saturday, June 4, 2016

Murió un grande de la literatura: "el Mozart de la pradera"


El prolífico escritor norteamericano Jim Harrison murió hace apenas un mes y no nos enteramos. !Que pena! Hemos estado muy ocupados con los políticos. Harrison fue llamado "El Mozart de las Praderas", pues fue un hombre que vivió en el Oeste y escribió sobre estas tierras salvajes, su cultura y su estilo de vida rebelde y libre. Aquí un articulo sobre su creación literaria publicado en The New Yorker.


MARCH 30, 2016
Jim Harrison, Mozart of the Prairie





This essay is adapted from “The Accidental Life: An Editor’s Notes on Writing and Writers,” a memoir by Terry McDonell that will be published by Knopf in August.

The first chapter of Jim Harrison’s first novel, “Wolf,” begins with a two-page sentence. Jim said it was vanity, that he wanted to show it could be done, because he was a young writer and hungry. That was in 1971. A few years later, when I was starting to work with him, I asked if his editor had tried to do something with that first sentence.


“Of course,” he said, wearily, as if in my tragic inexperience I was unable to grasp the basic construct of editing him. Jim did little revising and was proud of it. Rewriting was for people who hadn’t worked everything out early—not for Jim, who insisted he always thought things through before he wrote anything down. As for editors, why should he let them fool with his choices? They were not, as he had explained to me when we first met, writers. He also liked to note that he was a poet and “editors don’t change poems.”

“I wouldn’t change any of your poems either,” I said, but when it came to his journalism I wasn’t so sure. Being above editing was a pose some writers found situationally useful the way some children are “allergic” to lima beans. It was the foot Jim liked to get off on, and, sure enough, we tangled over copy our first time around. I was at Outside magazine and suggested that his lede on a piece about Key West was really the second paragraph and that the first paragraph should be the kicker. He hung up on me.

I got an immediate follow-up call from his agent, Bob Datilla, a tough, reasonable guy.

“You want to pull the piece?” I asked, after his declension of my shortcomings.

“Of course not,” Datilla said. “We just want to be on the record that you’re a dumb shit. (Pause.) But Jim can be difficult, too.”

“So we’ll all think about it?” I said.

“Exactly.”

I’m not sure how much we all thought about it, and we never discussed the piece again. Maybe Jim didn’t notice. But I learned to tread lightly or risk being told, as I once was, by him, “you lynched my baby.” As we worked on more pieces together, we talked about other things, like what we were having for dinner, as much as about what we were reading. My working relationship with Jim, my growing friendship with him, was nourished by even the mundane details of his life.

Some writers set themselves up so they can work with a view—the mountains, the sea, a river, perhaps an interesting cityscape. Others work closed-in, with no distractions, just their desk and whatever they have on the wall in front of them. Jim lived on a farm in Lake Leelanau, Michigan, fifty miles from where he was born. There was also a cabin on sixty acres off a two-track road five hours north by car, beyond Grand Marais on the Upper Peninsula, where he sometimes retreated to write. But he worked best from two to four in the afternoon in a tight place like the one-room ranch cabin in Patagonia, Arizona, with small windows and a twenty-year out-of-date calendar on the back of the door, the winter place Jim’s early screenwriting money had paid for. A journalist sent from New York to interview him had walked with Jim the half mile from the main house to the writing cabin and asked if it was a movie set. This turned into a story Jim would tell about what he saw as the double misunderstanding about his work, because no, he wasn’t in the movie business. Not really, anyway.

The stories about Jim’s adventures writing for film began when Jack Nicholson loaned him thirty thousand dollars to live on for the time it would take to write three novellas that might make good movies. They could also be published together as a book, which was more important to Jim. He had a draft of “Legends of the Fall” in ten days and was done with the second, “Revenge,” in another two weeks. “The Man Who Gave Up His Name” came a little slower and was the only one that didn’t become a film. It was about a just-retired Midwestern C.E.O. named Nordstrom who visits Manhattan to see his betrothed daughter, does battle with coke dealers, and moves on to the Florida Keys, where he finds work as a chef and dances all night with the waitresses.

But it was the title novella, “Legends of the Fall,” the one that Jim said he wrote in ten days, that became his big ticket. The then editor-in-chief Clay Felker ran it in Esquire at twenty-three thousand words in 1979, followed by “Revenge” at a thundering thirty thousand words. The magazine appeared bolder than it had been in years, and Jim seemed to have invigorated American fiction. The traditional four-thousand-word short story, the staple of M.F.A. programs and all the major magazines, looked claustrophobic in comparison. Jim’s vocabulary was not tricky, although his sentences went long and were compound (rather than complex). It was a surprising style, clear, and one reviewer said you could see through it down to the bottom of his meaning. For years after, the prominent blurb on the paperback editions of all of Jim’s books was from Bernard Levin, in the Sunday Times of London, about the “Legends of the Fall” collection: “Jim Harrison is a writer with immortality in him.” Immortality is a big word, but Jim’s friends, his rivals even, just nodded and looked forward to the next book.


Jim was interested in visiting the graves of writers and sometimes travelled for that purpose. Out of that came the idea—mine—of a literary travel column, which became “The Raw and the Cooked” when Jim turned it to food—his idea. It was also Jim’s idea to borrow the title from the French anthropologist Claude Lévi-Strauss, and his idea that “opposites drawn from everyday experience with the most basic sorts of things—e.g., ‘raw’ and ‘cooked,’ ‘fresh’ and ‘rotten,’ ‘moist’ and ‘parched,’ and others—can serve a people as conceptual tools.” Heavy lifting, but then suddenly on-the-nose and droll when applied to, say, cuisine minceur, which Jim wrote was “the moral equivalent of the foxtrot.” After a massive lunch at Ma Maison, in Beverly Hills, with Orson Welles, Jim wrote he had to “brace his boot on the limo’s doorsill to hoist the great director to the curb.”

Food, cooking it and eating it, had always been central to Jim’s writing in that it offered a “commensurate and restorative joy.” His days fishing and hunting, especially with close friends, were, as Jim Fergus described in his introduction to his “Art of Fiction” interview with Jim for The Paris Review, “devoted to planning, shopping for, preparing, discussing, and finally eating one breathtaking meal after another, at the end of which preliminary discussions and preparations for the next meal begin almost immediately.” Jim’s e-mails often noted cooking truths such as the impossibility of finding Gambel’s quail or antelope in the supermarket—or that “in my youth there were so few presents that I liked, mostly a jar of herring or a small orange.”

“The Raw and the Cooked” began in SMART, in late 1988, moved with me to Esquire, in 1990, and ran up twenty-nine columns there—all of them about joy, obsession, love, sex, family, landscape, life, death, and all of the confusing reasons why there is nothing better than having something good to eat. Most publicly ambitious of all of Jim’s meals was a thirty-seven-course lunch prepared by the French chef Marc Meneau from recipes drawn from seventeen cookbooks published between 1654 and 1823. Jim wrote that the meal lasted “the same amount of time as the Varig flight from New York to Sao Paulo.” The piece ran in The New Yorker in 2004, and gourmands still talk about it. Chefs loved him too, because he cooked himself, with great attention to detail and respect for the most normal of foods.

Eventually, Jim wore some of this on his face, and with the blind eye from a childhood accident and the disappearing teeth that he refused to replace, he could look a bit weathered, but he was still handsome, in the manner of a mahogany stump. He put on some weight, which annoyed him, and he watched it in his own way, explaining that a two-hour walk in the woods earned him a thirty-two-ounce rib eye. Tom McGuane said that if he added up all the weight Jim had mentioned losing over their years of correspondence, it would top two thousand pounds.

During the last week of 2013, Jeff Baker of the Portland Oregonian asked Jim about his health and was told, “About a B-minus.” The headline on the piece read: “Jim Harrison says he writes more books because he ‘stopped drinking half-gallons of vodka.’ “ That quote was Jim’s answer to a question about what critics were calling his “astonishing” late-career productivity. Jim was seventy-six and had agreed to a phone interview with Baker to support the publication of his “Brown Dog” collection, his thirty-sixth book. In the course of two decades, he had written six novellas about the Brown Dog character that critics liked to paint as Jim’s alter ego, and likened to a “21st-century version of Huck Finn.” Well, maybe, if Huck were an itinerant laborer, drinker, and trout fisherman of mixed Chippewa-Finnish blood. Jim told the New York Times that Brown Dog was “unimpeded,” and that he had wanted to write “a totally free man, which means he is poor but doesn’t care.”

When Jim sold the farm in Michigan to move to Montana, he wrote to me that he was thinking about an essay:

In the past decade there had been an influx of the very wealthy replacing the farmers and commercial fishermen . . . and I had this weary leftist notion that I no longer wanted to live on a farm I couldn’t afford to buy. I didn’t want to become the kind of stale geezer who orders a pamphlet from Popular Mechanics on how to carve a violin out of a single block of wood. It takes no more money and effort to make a good movie than a bad movie but sometimes a bad movie like life is in the cards.
Jim’s books had always sold very well in France, and when I heard that “Mozart de Prairie” was the headline of a story about him on the arts front of Le Monde, I looked for it and found many pieces in French newspapers about him, but none with that headline. Maybe it was apocryphal. If it had run, I hoped the photo was the one of Jim as a young poet in overalls without an undershirt, leaning back with his arms spread across the side of a farm horse. He was smoking in that picture, but you could see the body of a gymnast, which he had been in high school and college. Jim became famous for his fiction, celebrated internationally as a storyteller of genius, but through all the years, and the novels and novellas and films that came with them, he remained a poet, his life syncopated with contrapuntal complexities and the chromatic cadences of rural landscapes. “Mozart de Prairie” was a brilliant headline, even if it never ran.

From the book “The Accidental Life,” by Terry McDonell, copyright © 2016 by Terry McDonell. Published by arrangement with Alfred A. Knopf, an imprint of The Knopf Doubleday Publishing Group, a division of Penguin Random House LLC.

Wednesday, May 11, 2016

habana donde te amé

feroz y blanca habana, villa indomable,
tu santo no se cansa de perseguirte con espada caliente
para mirar "la rosa azul de tu vientre",
habana silvestre y ultramarina,
cósmica y cimarrona, dulce y salada,
de las columnas, de los vitrales y las murallas...
de casitas de puertas abiertas, de rutinas y calles gastadas....
maldecida y hechizada,
casi amansada como animal doméstico por reyes sin estirpe,
invadida por corsarios ingleses y franceses y cartagineses...
amante de viajeros, de aves de paso, de bienvenidos y mal llegados,
de marineros portugueses, rusos y holandeses y chinos y judios y libaneses,
pecadora nocturna de boquitas rojas,
santa en procesión en las mañanitas frescas de salitre y de brisa callejera,
moribunda ...y resucitada cada año junto al árbol sagrado,
abandonada y traicionada, pintada, cantada, bendecida y soñada,
imaginada, codiciada y reinventada mil veces de la nada...
ya sin poder, sin abolengo,
pero astuta aguardas tu momento, tu coartada...
para vengarte de tanta historia falsificada, de tanta intriga,
de tus ventanas rotas y tus lágrimas, de tus noches obscuras sin esperanza,
y regresas a la danza de tus olas, a tu mar en calma
y vuelves a tu murmullo y a tus ritos, a tus cartas y adivinanzas,
sobre la cola del caimán esperas agazapada,
protegida por tus cangrejos, tus caracoles y tus playas...
habana de los parques donde te amé sin saber nada... sin extrañarte,
sin pensar en el día que ya no estabas...
"aunque no me quisieras te querría
por tu mirar sombrío,
como quiere la alondra al nuevo día,
sólo por el rocío"

Monday, April 18, 2016

presentimientos


presentimientos


tengo presentimientos terribles, 
que aparecen en mis sueños 
como el zumbido de mil abejas contra el cristal,
tengo presentimientos oscuros que me asustan,
que gritan y me despiertan en la mañana temblando,
tengo presentimientos que duelen,
esos de “hay golpes en la vida tan fuertes”,
tengo presentimientos fugaces,
que no dan tiempo a entenderlos
y gracias a Dios no retornan.
tengo presentimientos fijos,
como obsesiones clavadas en el alma,
hechos de ser y no ser, de estar sin estar,
tengo presentimientos extraños, sin sentido,
como palpitaciones del corazón
que desaparecen pero dejan rastros de temor.
tuve un día el presentimiento
de ver tu nombre en los periódicos a mala hora,
y ver todas aquellas flores ridículas y sin color,
y fue un verme petrificada,

queriendo que aquel ascensor
no se detuviera nunca en su bajada.
y fue verdad,
presentí el día exacto que te irías, y cómo y dónde.
y fue verdad,
presentí que nunca regresarías
por el tono de tu voz en la despedida,
y fue verdad,
pero nunca pude saber por qué.